El debate sobre prohibir redes sociales a menores crece mientras políticos y tecnólogos estudian la adicción digital

Publicado el: 27 de febrero de 2026 a las 09:46
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Niña usando el móvil en su habitación, ejemplo del aumento de adicción digital en menores.

Niños que pasan todo el fin de semana en su cuarto con el móvil y llegan el lunes al colegio agotados. No han salido con amigos ni han hecho deporte, pero sienten que el tiempo se ha esfumado entre pantallas. Esta escena, que ya suena familiar en muchos hogares, es la que describen psicólogos que atienden cada vez a más menores enganchados a su vida digital.

Al mismo tiempo, grandes plataformas tecnológicas están en el punto de mira por el diseño de sus productos. El director ejecutivo de Mark Zuckerberg ha tenido que declarar ante la justicia estadounidense mientras se acumulan las demandas que acusan a Meta de crear redes sociales adictivas para adolescentes. Un editorial reciente en la revista médica JAMA recoge datos que refuerzan la preocupación, como que casi la mitad de los adolescentes pierde el control del tiempo que pasa con el móvil y que una parte significativa reconoce que su uso empeora el rendimiento escolar.

Señales de una adicción digital en menores

La psicóloga sanitaria Aurora Gómez explica que la adicción digital no es solo “usar mucho el móvil”. Tiene más que ver con perder el control. Niños que necesitan una gratificación constante, que ya no disfrutan de actividades que antes les gustaban, que dejan los estudios o el deporte en segundo plano porque todo pasa por la pantalla.

Entre las banderas rojas están la irritabilidad cuando se les retira el dispositivo, la ansiedad si no hay conexión y el síndrome de abstinencia, el famoso mono. También cuenta lo que dejan de hacer. Algunos menores se niegan a ir al pueblo de los abuelos porque allí la cobertura es mala y temen “desconectarse” de su grupo. En muchos casos saben que el móvil les perjudica, pero siguen usándolo igual.

Un cerebro en construcción frente a un móvil sin límites

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística sobre el uso del móvil en la infancia, en torno a uno de cada cinco niños de 10 años en España ya tiene teléfono propio. Para el psicólogo José Antonio Molina esto es un punto delicado, porque a esa edad el sistema de autocontrol todavía está en desarrollo. El menor no está preparado para anticipar bien las consecuencias ni para regular impulsos tan potentes como los que disparan las notificaciones.

La psicóloga María Ferreira recuerda que estructuras como la corteza prefrontal, la zona del cerebro que nos ayuda a tomar decisiones y planificar, aún no han terminado de formarse. El sistema de recompensa también es muy sensible, lo que se traduce en más impulsividad y necesidad de respuestas inmediatas. En la adolescencia, además, el móvil se convierte en la llave para pertenecer al grupo y sentirse validado, por eso muchos temen quedarse fuera si no contestan al instante.

Plataformas pensadas para enganchar al usuario joven

Los científicos señalan que el problema no es solo cuánto tiempo pasan los menores con el móvil, sino cómo lo usan. El editorial de JAMA subraya que los patrones de uso adictivo, como pensar de forma constante en las aplicaciones o usarlas para “olvidar problemas”, se relacionan en gran medida con peor salud mental. Expertos advierten que el foco debe pasar de contar horas a analizar si el móvil está sustituyendo al descanso, al estudio o a las relaciones cara a cara.

A este patrón contribuye el diseño de las propias plataformas. Una exempleada filtró documentos internos que mostraban que responsables de Instagram sabían que ofrecer contenidos tóxicos a los jóvenes aumentaba el enganche y los ingresos publicitarios. El móvil es, al final del día, una puerta de entrada a muchas posibles adicciones comportamentales, desde redes sociales a apuestas en línea o porno, cada una con capacidad para monopolizar la atención del menor.

Qué pueden hacer las familias ante la adicción al móvil

Los menores que llegan a la consulta de Corio Psicología suelen hacerlo acompañados por padres que ya no saben qué límite poner. Una de las primeras medidas de desintoxicación que propone Aurora Gómez es separar funciones. Un teléfono sencillo para llamar, un reproductor de música para escuchar canciones, un ordenador para jugar. Es una forma práctica de enseñar que no todo tiene por qué pasar por el mismo dispositivo.

Los expertos insisten en que las pantallas no son malas por definición. Muchos adolescentes pasan horas aprendiendo a programar, diseñar o hacer música. El problema es el comportamiento que se construye alrededor, por ejemplo cuando un joven admite que le cuesta salir a la calle porque “allí no puede silenciar” a quien le habla. Gómez compara a los menores con una rana en la charca, el animal más sensible a cualquier cambio del agua. Si el ecosistema digital se contamina, ellos son los primeros en sufrirlo.

El editorial principal sobre esta problemática se ha publicado en Journal of the American Medical Association.

Techy44

Redacción Techy44 by Okdiario. Grupo de periodistas dedicados a divulgar noticias sobre tecnología, ciberseguridad, informatica, inteligencia artificial y juegos.

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