Parece ciencia ficción pero es real: China autoriza el uso de chips cerebrales del tamaño de una moneda

Publicado el: 1 de abril de 2026 a las 12:48
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Implante cerebral del tamaño de una moneda conectado a un chip que interpreta señales del cerebro humano.

Imagina querer coger un vaso y que tu mano no responda. Ahora imagina que un guante hace el movimiento por ti, simplemente porque has pensado en abrir y cerrar la mano. China ha autorizado la venta de un implante cerebral llamado NEO que busca convertir esa intención en un agarre asistido.

El anuncio llega mientras Estados Unidos y Europa siguen, por lo general, con tecnologías parecidas en fase de ensayo. Y no parece un caso aislado, porque el país también está empujando una estrategia industrial para las llamadas interfaces cerebro máquina. ¿Qué cambia cuando un implante deja de ser un experimento y pasa a tratarse como un producto sanitario?

Qué ha autorizado el regulador chino

La Administración Nacional de Productos Médicos de China ha aprobado el registro de NEO, desarrollado por Neuracle Technology en Shanghái, para personas de 18 a 60 años con tetraplejia por lesión cervical de la médula espinal que no pueden agarrar con los dedos. El sistema usa un implante del tamaño de una moneda para captar señales del cerebro y controlar un guante neumático que ayuda a abrir y cerrar la mano. El desarrollador afirma que ya se ha utilizado en 36 procedimientos clínicos y que puede manejarse en casa alrededor de un mes después de la cirugía.

El Hospital Huashan, vinculado a la Universidad Fudan, figura como una de las instituciones principales en la validación clínica del dispositivo. En una nota institucional, el centro lo presenta como un dispositivo implantable de clase III, la categoría reservada a productos de mayor riesgo y mayor exigencia regulatoria. La neuróloga MAO Ying, presidenta del hospital y responsable del ensayo, lo resumió así, «sabemos que hay luz por delante».

Cómo un pensamiento acaba moviendo un guante

Una interfaz cerebro máquina es, en la práctica, un traductor. Capta señales asociadas a la intención de moverse y las convierte en órdenes que entiende un dispositivo externo, como un guante robótico o una prótesis. En NEO, esa cadena termina en una mano asistida que puede agarrar objetos o acercar un vaso.

El diseño intenta equilibrar señal y seguridad. En lugar de pinchar directamente el tejido cerebral, coloca los sensores por fuera de la duramadre, una membrana protectora, para evitar daño directo al cerebro. El profesor Hong Bo, de la Universidad de Tsinghua, lo explicó con una metáfora, «si lo no invasivo es como escuchar música detrás de una pared, esto sería como escucharla a través de una tela fina».

Qué se sabe de las pruebas con pacientes

Parte de la base científica aparece descrita en un preprint de medRxiv, un artículo publicado antes de la revisión formal por otros expertos. El trabajo describe un implante mínimamente invasivo con ocho electrodos sobre la zona del cerebro vinculada al movimiento y pruebas en personas con tetraplejia. Los autores cuentan tareas cotidianas como comer, beber o mover objetos con ayuda de un guante o exoesqueleto de mano.

La información pública, aun así, tiene límites claros. No es lo mismo demostrar un agarre en sesiones guiadas que medir resultados durante años, con comparaciones y seguimiento médico completo. Por eso, ahora pesa tanto una pregunta sencilla, cuánto aguanta el sistema y con qué riesgos.

El plan que busca convertir el chip en industria

NEO llega en un momento en el que China también intenta convertir esta tecnología en una industria. Un documento oficial firmado por siete organismos plantea 17 medidas para acelerar el desarrollo de interfaces cerebro máquina y fija metas para 2027 y 2030. El texto menciona pruebas piloto en sectores de alto riesgo como materiales peligrosos, energía nuclear, minería y electricidad, y también usos como vigilar la fatiga al volante y reforzar la gobernanza de datos para evitar fugas de «privacidad cerebral».

En la práctica, eso abre el debate más allá del hospital. La misma lógica que permite cerrar un puño con ayuda de aire comprimido podría terminar conectando a operarios con robots o activando alertas de seguridad antes de un desmayo. Suena futurista, pero el objetivo declarado es más directo, llevar la tecnología a escenarios reales con reglas claras.

Entre la promesa médica y las dudas inevitables

Fuera de China, la mayoría de implantes de este tipo siguen atados a ensayos clínicos y procesos regulatorios largos. En Estados Unidos, empresas como Synchron y Neuralink han avanzado con estudios en humanos, pero la autorización de venta general todavía no ha llegado. Esto no es solo burocracia, porque en dispositivos implantables cualquier fallo se paga caro.

También hay retos técnicos que rara vez se ven desde fuera. En 2024 se informó de problemas con algunos hilos muy finos en el implante de Neuralink, que se movieron de su posición en el primer paciente, un recordatorio de lo delicado que es mantener sensores estables dentro del cuerpo. Al final del día, la pregunta no es solo si la idea funciona, sino cuánto aguanta y quién responde si algo falla.

La información principal se ha publicado en Nature.

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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