Estados Unidos ha advertido a Siria de que apoyarse en equipos de telecomunicaciones chinos para reconstruir sus redes dañadas por la guerra choca con los intereses de Washington y supone un riesgo para su seguridad nacional, según una exclusiva de Reuters. El mensaje llegó en una reunión discreta en San Francisco entre un equipo del Departamento de Estado y el ministro sirio de Comunicaciones, Abdulsalam Haykal.
Haykal estaba en la ciudad para una agenda más amplia, que incluía un acuerdo de cooperación con Visa para impulsar la economía digital siria. El encuentro dejó sobre la mesa una pregunta incómoda para Damasco y para Washington a la vez. Si Siria reduce su dependencia de China, quién le ofrecerá equipos alternativos y financiación en un sector casi en ruinas.
Washington pide alternativas a la tecnología china
Según citó la agencia, el Departamento de Estado «instó claramente a los sirios a usar tecnología estadounidense o tecnología de países aliados en el sector de telecomunicaciones». La línea oficial repite un mensaje que Estados Unidos lanza por lo general a otros países. Que prioricen la seguridad nacional y la privacidad por encima de equipos más baratos que puedan parecer una ganga.
Un portavoz de Washington resumió esa idea con una frase muy directa. «Si parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo sea». Detrás está la preocupación de que los servicios de inteligencia chinos puedan obligar a empresas de su país a compartir datos sensibles o a abrir la puerta a sistemas de clientes sin avisar.
China, por su parte, ha rechazado repetidamente que utilice estas tecnologías con fines de espionaje. Pekín sostiene que las acusaciones forman parte de una campaña política para frenar a sus campeones tecnológicos. En ese pulso global, Siria se ha convertido en un campo de pruebas muy delicado.
Siria dice que las sanciones le cierran el paso a alternativas
Los funcionarios sirios respondieron que Damasco está abierta a colaborar con empresas de Estados Unidos. Pero señalaron a sus interlocutores que los controles de exportación y el «sobrecumplimiento» de muchas compañías hacen muy difícil acceder a equipos occidentales. En la práctica, explican, las trabas legales y el miedo a las sanciones pesan casi tanto como las propias leyes.
El Ministerio de Telecomunicaciones de Siria afirma que las restricciones estadounidenses «obstaculizan la disponibilidad de muchas tecnologías y servicios estadounidenses en el mercado sirio». Añade que recibiría «con agrado» una mayor cooperación con empresas de Estados Unidos cuando se retiren esas barreras. El mensaje deja claro que, desde su punto de vista, Washington reclama cambios sin ofrecer aún una ruta clara para lograrlos.
Aunque el presidente Trump firmó en junio de 2025 una orden ejecutiva que levantó la mayoría de las sanciones integrales, siguen vigentes controles de exportación que limitan el flujo de tecnología. Muchas empresas privadas permanecen cautas a la hora de cerrar acuerdos con entidades sirias, por miedo a incumplir normas complejas o cambiantes.
Redes frágiles y dominio de Huawei sobre el terreno
Mientras tanto, la infraestructura de telecomunicaciones de Siria arrastra el impacto de catorce años de guerra civil. Fuera de los grandes núcleos urbanos, la cobertura móvil es débil y las conexiones de datos apenas superan, en muchos casos, unas pocas decenas de kilobits por segundo. Para cualquier joven que intente estudiar o trabajar en línea, eso significa pantallas que cargan con desesperante lentitud.
En ese vacío han ganado terreno los proveedores chinos. La tecnología de Huawei representa ya más de la mitad de la infraestructura en Syriatel y MTN, los dos únicos operadores de telecomunicaciones del país, según fuentes del sector. Además, Siria estudia comprar más equipos chinos para torres móviles y redes de proveedores de internet, lo que profundizaría esa dependencia.
De hecho, uno de los puntos concretos que Estados Unidos llevó a la mesa fue la necesidad de claridad sobre los planes sirios respecto a estos equipos. Washington teme que, si se consolida una nueva capa de infraestructuras chinas, cualquier intento futuro de cambio sea aún más caro y complejo. Para Damasco, el cálculo inmediato pasa por mantener las redes encendidas hoy, con el material que puede conseguir.
Inversión saudí y el papel del proyecto Silklink
En paralelo, el país intenta atraer capital extranjero para modernizar el sector. A principios de febrero, el grupo saudí stc Group anunció un proyecto de unos 800 millones de dólares llamado Silklink para instalar más de 4500 kilómetros de fibra óptica, centros de datos y estaciones de cables submarinos a través de Siria. La idea es convertir al país en un corredor de datos entre Asia y Europa, una especie de autopista digital sobre los escombros de la guerra.
Ese despliegue abre otra incógnita. Qué fabricantes equiparán los nuevos nodos de red y los grandes centros de datos. En la reunión de San Francisco no quedó claro si Estados Unidos está dispuesto a respaldar con apoyo financiero o logístico un giro lejos de la tecnología china. Sin una respuesta contundente, expertos advierten que Siria podría seguir confiando en los proveedores que ya conoce porque son los únicos que realmente llegan al terreno.
La información principal se ha publicado en Reuters.














