SpaceX solicita permiso para poner en órbita hasta un millón de satélites como centros de datos, y saltan chispas. Gartner y Altman lo califican de locura, y se acerca la fecha límite para que la FCC emita su dictamen

Publicado el: 12 de marzo de 2026 a las 08:01
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Lanzamiento de cohete Falcon 9 de SpaceX con satélites Starlink hacia órbita baja.

La nueva apuesta de Elon Musk sueña con llenar la órbita terrestre de centros de datos que funcionen con energía solar y procesen IA lejos del suelo. La empresa ha pedido permiso para desplegar hasta un millón de satélites que actúen como servidores en el espacio, conectados con la red actual. Sobre el papel suena a ciencia ficción optimista y a la vez a intento de escapar de las limitaciones energéticas de la Tierra.

En la práctica, el plan ha encendido muchas alarmas. La consultora Gartner lo describe como el colmo de la locura, el director ejecutivo de OpenAI Sam Altman lo llama ridículo y el inversor Jim Chanos habla directamente de aceite de serpiente de IA. Todo esto llega justo cuando la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) cierra el seis de marzo el periodo de comentarios públicos sobre la propuesta y cuando investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) advierten de que el espacio disponible en órbita baja podría reducirse de forma importante a finales de siglo.

Qué propone SpaceX con sus centros de datos orbitales

La compañía ha presentado a la FCC un plan para lanzar hasta un millón de satélites alimentados con energía solar que operarían entre unos quinientos y dos mil kilómetros de altura. Cada uno funcionaría como un pequeño data center en órbita terrestre baja, la franja de espacio a unos cientos de kilómetros de altura donde hoy giran miles de satélites de uso cotidiano. La idea es aprovechar un flujo casi constante de luz solar sin depender de redes eléctricas locales ni del agua de refrigeración de los centros de datos en tierra.

Un centro de datos orbital es, en esencia, un conjunto de servidores que procesa información como lo haría un gran edificio lleno de ordenadores, solo que repartido en miles de nodos que flotan sobre nuestras cabezas. Musk presume de que esto sería un primer paso para acercarse a una civilización de tipo Kardashev II, una escala que imagina sociedades capaces de aprovechar toda la energía de su estrella. Al final del día, lo que intenta hacer es vender la idea de que poner más computación en el espacio no solo serviría a la IA, sino que también encajaría en una visión de futuro casi galáctica.

Críticas de la industria de la IA y de los mercados

El informe de Gartner de esta semana concluye que los centros de datos en el espacio no procesarán datos para aplicaciones terrestres durante décadas, si es que llegan a hacerlo. El analista Bill Ray avisa de que las empresas pueden estar tirando dinero en una burbuja de centros de datos orbitales que aún no tienen un caso de uso claro. Traducido a lenguaje llano, muchos ven más humo que negocio en la propuesta.

En paralelo, el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, recuerda que hoy la economía de los data centers orbitales es pobre y que el gran problema es el calor. En el espacio no hay aire que ayude a enfriar, por lo que la única manera de disipar la energía de millones de chips sería a través de enormes radiadores metálicos, pesados de lanzar y de mantener. Es una forma elegante de decir que la factura técnica, por ahora, no cuadra.

Sam Altman va más lejos y dice que, con el panorama actual, poner centros de datos en el espacio es ridículo y que no tendrá impacto masivo en esta década. El veterano bajista Jim Chanos remata que la electricidad suele representar en torno al cinco o siete por ciento de los ingresos de un data center de IA y que casi todos los demás costes serían mayores en órbita. Dicho de otro modo, incluso si la energía solar fuera gratis, el negocio puede no salir a cuenta.

Musk, xAI y la batalla por los centros de datos

La solicitud ante la FCC llegó pocos días antes de que SpaceX cerrara la compra de su propia startup de IA, xAI, en una operación valorada en unos 1,25 billones de dólares. Musk presenta la combinación de cohetes reutilizables, satélites y modelos de IA como un motor de innovación verticalmente integrado que podría acelerar el despliegue de nuevas aplicaciones. Según estimaciones de Deutsche Bank, sin embargo, es más realista pensar que cualquier ventaja de costes llegaría ya entrados los años treinta.

En tierra, el contexto tampoco ayuda. Una investigación de Associated Press refleja que crece el número de comunidades en Estados Unidos que bloquean nuevos centros de datos por miedo al consumo de energía, al uso de agua y a la presión sobre la red eléctrica. No extraña que figuras como Jeff Bezos y Sundar Pichai hayan defendido en público la idea general de los data centers espaciales, con pronósticos que los sitúan entre diez y veinte años vista y planes para probar hardware en órbita antes de 2030.

Órbita llena, cielos más brillantes y menos espacio seguro

Los grupos ambientalistas miran el plan desde otro ángulo, mucho más literal. DarkSky International, una organización con casi doscientas mil personas asociadas, anima a sus miembros a presentar objeciones formales ante la FCC porque teme que un millón de satélites cambie el aspecto del cielo nocturno y multiplique por unas setenta veces el número actual de satélites activos. Para cualquiera que salga a ver las estrellas una noche despejada, la pregunta es evidente, cuántas trazas de luz estamos dispuestos a aceptar antes de perder la oscuridad.

El astrofísico Jonathan McDowell, que sigue desde hace años el tráfico de satélites, avisa de que un millón de aparatos en órbitas más altas sería un reto enorme para la astronomía y la vigilancia del cielo. Hoy ya hay unos 14.500 satélites activos y alrededor de 9.500 pertenecen a la constelación de internet de la propia SpaceX, lo que da una idea de hasta qué punto la empresa domina la órbita terrestre baja. Si esa cifra se disparara, los observatorios tendrían que lidiar con un desfile constante de reflejos que arruinan imágenes y mediciones delicadas.

El trabajo de los ingenieros aeroespaciales del MIT publicado en Nature Sustainability añade otra capa de preocupación. Sus simulaciones apuntan a que las emisiones de gases de efecto invernadero están encogiendo la termosfera, la parte alta de la atmósfera que actúa como freno natural para los satélites y la basura espacial, de modo que la capacidad segura de las órbitas más usadas podría caer aproximadamente a la mitad o incluso cerca de dos tercios hacia 2100. En la práctica, eso significa que si hoy ya estamos cerca del límite, llenar la órbita con un millón de centros de datos de IA empujaría aún más un sistema que, según los propios científicos, está en una especie de equilibrio frágil.

El estudio principal se ha publicado en Nature Sustainability

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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