Los drones baratos se han colado en casi todos los debates sobre defensa en Europa. Vuelan bajo, aparecen por sorpresa y, cuando llegan en grupo, obligan a gastar mucho para parar algo que cuesta poco. ¿Cómo se sostiene eso durante meses o años?
Ahí entra Fury, un dron interceptor a reacción creado por una pequeña empresa de Alsacia. Según la información que ya es pública, está pensado para cazar drones hostiles a una velocidad cercana a los 700 kilómetros por hora. La idea es sencilla de explicar, pero difícil de fabricar bien.
Por qué ahora
En conflictos recientes, los cuadricópteros comerciales y los drones de ala fija se han convertido en herramientas de vigilancia y ataque. Son relativamente lentos, pero abundan, y eso cambia las reglas del juego. Si se responde siempre con misiles tradicionales, el coste por derribo se dispara.
Por eso están creciendo las defensas por capas, una mezcla de sensores, sistemas que bloquean señales y armas que actúan a corta distancia. En la práctica, significa reservar lo más caro para amenazas grandes y usar soluciones más asumibles contra lo que se repite cada día.
Quién está detrás
ALM Méca se presenta como una empresa familiar de mecanizado y mecánica de precisión, con sede en Eschbach y una plantilla de alrededor de 18 personas. La dirige Laurent Schaal y afirma estar certificada bajo ISO 9001, un sello que obliga a estandarizar procesos y control de calidad.
El salto a Fury ya ha llegado al Parlamento francés. En una pregunta escrita publicada el 31 de marzo de 2026 en la Asamblea Nacional, el diputado Marc Chavent describe el interceptor Fury como un sistema financiado por la propia empresa, de alrededor de 1,1 metros, capaz de alcanzar 700 kilómetros por hora y pensado para neutralizar drones tipo Shahed o Geran.
Thierry Berthier, director técnico de ALM Méca, resumió el enfoque con una frase corta, «lo mejor de los dos mundos, del misil y del dron». También explicó que la neutralización puede lograrse sin depender de un choque directo y habló de interés comercial fuera de Francia.
Un motor a reacción
El corazón del Fury es una microturbina, un motor a reacción en miniatura que quema combustible y empuja aire hacia atrás para ganar velocidad. En la web de ALM Méca, la empresa explica que un turbojet transforma la energía del combustible en movimiento y que su fabricación exige materiales capaces de soportar calor y estrés mecánico.
Elegir una microturbina tiene sentido si lo que se busca es acelerar rápido y mantener una punta de velocidad alta. El peaje está en la ingeniería y en el mantenimiento, porque todo debe funcionar con tolerancias muy finas. No es magia, es taller y pruebas.
En este tipo de interceptores también aparece la llamada «carga G», que no es más que cuánto se multiplica el peso cuando giras bruscamente. Hablar de veinte veces la gravedad significa que la estructura está diseñada para cambios de rumbo muy agresivos. Eso ayuda cuando el objetivo se mueve de forma imprevisible a baja altura.
Del prototipo a serie
Un demostrador en vuelo impresiona, pero la verdadera prueba llega cuando toca fabricar en serie. Ahí entran proveedores estables, piezas intercambiables, formación y procedimientos para operar con seguridad. Si cada unidad sale distinta, el sistema no escala.
En una sesión parlamentaria publicada el 2 de abril de 2025, el Gobierno francés señaló que ALM Méca es un actor clave en el Veloce 330 de EOS Technologie y reconoció que la empresa atravesaba dificultades. En esa respuesta se menciona que se consultó a Safran y Dassault, que en 2024 se encargaron 17 Veloce 330, y que otra firma, Akira, desarrolla microturbinas similares.
El Veloce 330 sirve como pista de por dónde va el mercado. En una nota de EOS Technologie de abril de 2024, la empresa afirma que ese sistema, encargado por la DGA, superó los 400 kilómetros por hora en pruebas. Es una señal de que Francia está empujando varios proyectos a reacción a la vez.
Qué falta por ver
Fuera de Europa, la comparación más repetida es Roadrunner. Anduril lo presenta como un vehículo aéreo autónomo reutilizable, de despegue y aterrizaje vertical, diseñado para misiones de contradrón y equipado con turbojets.
Queda una cuestión menos vistosa, qué pasa cuando todo ocurre cerca de zonas habitadas. Un interceptor muy rápido puede generar riesgos por escombros o fallos, y eso obliga a integrar reglas de espacio aéreo, autorizaciones y sensores que reduzcan falsas alarmas. No siempre habrá margen para improvisar.
También está la carrera del gato y el ratón. Si los interceptores se vuelven comunes, los drones ofensivos tenderán a volar más bajo, a esconderse mejor o a saturar con más unidades. El resultado final probablemente será más capas, no una solución única.
La información oficial se ha publicado en la Asamblea Nacional de Francia.












