El método, publicado en Cell Stem Cell, crea una “nicho” de laboratorio al modular p38 y YAP y abre vías para estudiar enfermedades, probar fármacos y, a largo plazo, diseñar terapias celulares para los riñones.
Un grupo de investigadores de la Universidad del Sur de California ha dado un paso relevante en la carrera por la medicina regenerativa renal al conseguir cultivar durante largos periodos células progenitoras de nefrona y convertirlas en organoides renales, estructuras tridimensionales que reproducen partes del tejido del riñón. El trabajo se ha publicado en Cell Stem Cell y describe un procedimiento para mantener estas células en el laboratorio sin que pierdan rápidamente su capacidad de crecer y organizarse.
El riñón se sostiene, en gran medida, sobre las nefronas, sus unidades funcionales de filtrado. El reto de la investigación era doble, obtener células parecidas a esas precursoras humanas y, además, expandirlas con estabilidad. El equipo lo logra creando una especie de entorno artificial al ajustar la actividad de p38 y YAP, dos reguladores de rutas celulares implicadas en proliferación y destino celular.
Según la información difundida por el centro, el objetivo inmediato no es “fabricar un riñón completo” listo para trasplante, sino disponer de una fuente controlada de células para modelar el desarrollo, entender mejor el origen de enfermedades congénitas y acelerar el descubrimiento de fármacos. En palabras del autor principal, Zhongwei Li, «al mejorar nuestra capacidad de cultivar» estas células, el equipo abre “una nueva vía” para combatir patologías renales y cáncer.
El estudio añade un hallazgo con implicaciones de calado para la biología del órgano. Los autores describen que los podocitos, células maduras esenciales para el filtrado, pueden retroceder hacia un estado más parecido al progenitor, una “plasticidad” que, de confirmarse y controlarse con precisión, podría redefinir cómo se estudian la reparación y el daño renal.
El avance se apoya en comparaciones moleculares que apuntan a que las células inducidas se parecen de cerca a las progenitoras humanas y generan organoides con rasgos que otros modelos suelen reproducir peor, un detalle importante cuando se pretende evaluar fármacos o mutaciones sin el ruido de tejidos “fuera de objetivo”.Aun así, la distancia entre un organoide y un órgano trasplantable sigue siendo enorme.
Estas estructuras no equivalen a un riñón plenamente funcional y la traslación clínica exige resolver obstáculos de vascularización, integración y seguridad, además de demostrar que los tejidos derivados no disparan respuestas indeseadas. La propia comunicación institucional enmarca el trabajo como una plataforma de investigación y desarrollo, no como una terapia inmediata.









