Ni Argentina ni Brasil ni Colombia. El país que está marcando el paso de los autos eléctricos en Latinoamérica es Uruguay, un mercado pequeño que ha logrado cifras que ya miran de tú a tú a las de algunos países europeos. En 2025, alrededor de una cuarta parte de los coches nuevos vendidos en el país fueron eléctricos, lo que lo coloca al frente de la región en cuota de ventas.
¿Cómo ha conseguido un país de tres millones y medio de habitantes adelantar a economías mucho más grandes? La respuesta tiene que ver con impuestos, con una red eléctrica casi totalmente renovable y también con la llegada masiva de marcas chinas de menor precio. Al final del día, la combinación de estas piezas ha convertido a Uruguay en un pequeño laboratorio de movilidad eléctrica para toda la región.
Un país pequeño con muchos autos eléctricos
Cuando hablamos de autos eléctricos hablamos de coches que se mueven con motores eléctricos y baterías recargables en lugar de gasolina o diésel. En Uruguay, estos vehículos ya representan cerca del 28 por ciento de las nuevas matriculaciones de coches y SUV en el tercer trimestre de 2025, según datos del Latin American Zero Emissions Observatory (ZEMO) y de la asociación de concesionarios. Eso significa que, por lo general, uno de cada cuatro vehículos ligeros nuevos que se venden en el país ya no tiene tubo de escape.
A nivel regional, la foto es mucho más modesta. El informe Global EV Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) sitúa la cuota media de autos eléctricos en Latinoamérica alrededor del cuatro por ciento en 2024, con Brasil liderando en volumen pero con una cuota inferior a la de Uruguay. Países como Colombia o México avanzan, pero siguen bastante por detrás en porcentaje de ventas.
Si se mira la cantidad de vehículos electrificados por habitante, Uruguay aparece entre los primeros puestos del continente y lidera claramente Sudamérica, solo superado en el conjunto latinoamericano por Costa Rica según una nota técnica regional sobre movilidad eléctrica de la Organización Latinoamericana de Energía. Para un país donde el parque automotor total es pequeño, el salto en pocos años llama la atención de los analistas. No es una moda pasajera, sino un cambio de tendencia que se consolida año a año.
Incentivos, energía limpia y marcas chinas
El despliegue no viene solo del mercado. El gobierno uruguayo ha aplicado exoneraciones de aranceles a la importación, rebajas en la patente anual de los autos eléctricos y beneficios para flotas empresariales, según recogen informes sectoriales de Uruguay XXI. En la práctica, eso significa que un vehículo eléctrico puede acercarse en precio final a un modelo a combustión, algo clave para familias y pequeñas empresas.
Estas medidas se apoyan en una matriz eléctrica casi totalmente renovable. El Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay XXI y el propio Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay (MIEM) subrayan en una nota de prensa del Ministerio de Industria, Energía y Minería que las fuentes renovables superan el 90 por ciento de la generación eléctrica, incluso en años de sequía. Por eso, cuando alguien enchufa su auto en Montevideo o en el interior, la mayor parte de la energía que carga procede de viento, agua y biomasa y no de combustibles fósiles.
En paralelo, el mercado se ha llenado de modelos llegados de China, con fabricantes como BYD que ofrecen SUV y compactos eléctricos a precios más bajos que muchas marcas europeas o estadounidenses. Un concesionario uruguayo resumía la situación en una entrevista con Reuters con una frase seca «The Chinese struck first and struck hard». Expertos citados en estos análisis señalan que, en gran medida, la combinación de créditos blandos, precios competitivos y combustible caro ha empujado a muchos compradores a dar el salto al enchufe.
Los retos de la infraestructura y lo que viene
El éxito de la movilidad eléctrica también deja ver los puntos débiles. La propia industria advierte de un posible cuello de botella en la infraestructura de carga pública, sobre todo fuera de las principales ciudades, donde todavía hay tramos de carretera con pocos puntos de recarga rápida. Según estimaciones recogidas en análisis regionales, la red crece, pero no al mismo ritmo que las ventas de autos eléctricos.
Lo que ocurre en Uruguay sirve de espejo para el resto de Latinoamérica. Países como Argentina muestran todavía cifras muy bajas de ventas e comienzan a revisar aranceles e incentivos, mientras que Colombia o Chile avanzan más deprisa pero sin alcanzar todavía el nivel uruguayo. Si las políticas se estabilizan y las marcas mantienen sus precios, analistas de la Agencia Internacional de la Energía prevén que la cuota eléctrica regional se acerque poco a poco a los dos dígitos.
En gran medida, el experimento uruguayo demuestra que la transición en el transporte puede acelerarse cuando se alinean impuestos, energía limpia y opciones asequibles en los concesionarios. Al final del día, para el conductor medio la decisión se toma en el bolsillo y en la seguridad de encontrar un enchufe cerca de casa. Que un país pequeño marque hoy el paso de los autos eléctricos en Latinoamérica obliga a los grandes a preguntarse cuánto tiempo más podrán quedarse atrás.
La nota técnica principal sobre movilidad eléctrica en la región se ha publicado en la Organización Latinoamericana de Energía.











