Esperar en un semáforo en rojo cuando no pasa nadie es una escena cotidiana en Barcelona. El Ayuntamiento quiere que eso ocurra menos, y por eso planea probar semáforos gestionados con inteligencia artificial a finales de 2026. ¿Quién no lo ha sufrido en hora punta?
La idea es empezar con una prueba piloto y, si funciona, dar el siguiente paso en 2027 con un despliegue limitado en una zona real de la ciudad. Antes, Barcelona abre la puerta a que empresas, expertos y universidades propongan soluciones dentro del Barcelona Innova Lab Mobility (BILM). El laboratorio ya se ha usado para retos de movilidad como la mejora del bus urbano o la distribución de mercancías.
Un piloto a final de 2026
El Ayuntamiento ha planteado un calendario con varias paradas claras. Las propuestas se podrán presentar hasta mediados de mayo de 2026, y en octubre se conocerán las seleccionadas.
A partir de ahí, las pruebas piloto deberían arrancar a finales de 2026. El consistorio lo define como la «fase 0» del despliegue, pensada para probar soluciones en un corredor o en una zona con varias intersecciones.
El escaparate elegido para anunciar a los ganadores coincide con el congresoTomorrow.Mobility World Congress, que se celebra en Barcelona del 3 al 5 de noviembre de 2026. No es un detalle menor, porque allí se juntan gobiernos, empresas y centros de investigación que trabajan justo en movilidad urbana.
De planes fijos a tiempo real
Hoy, muchos semáforos funcionan con planes horarios, algo parecido a una lista de «recetas» que se activan según la franja del día. Por la mañana puede haber una receta, por la tarde otra, y si pasa algo raro, como obras o un evento, el sistema no siempre reacciona con la misma rapidez.
Con semáforos gestionados con IA, el Ayuntamiento espera generar más planes para cada cruce y elegir automáticamente el más adecuado según la movilidad de ese momento. En un nivel más avanzado, la IA podría incluso crear fases en tiempo real, que es decidir cuánto dura cada verde y cada rojo sin depender de planes cerrados.
Aquí conviene aterrizar el concepto. La inteligencia artificial, en este caso, no es un robot tomando el control, sino un programa que aprende patrones en datos y ayuda a tomar decisiones más rápidas.
El estudio con la UPC
La hoja de ruta nace de un trabajo previo con la Universitat Politècnica de Catalunya BarcelonaTech, donde el profesor Miquel Estrada ha sido uno de los responsables por parte de la universidad. Laia Bonet, primera teniente de alcalde, lo resumió con una idea «Es imprescindible avanzar hacia un mejor transporte público y hacia una movilidad más limpia y sostenible».
Estrada, que investiga en el grupo Barcelona Innovative Transportation, también ha puesto el acento en el contexto local y lo dice de forma directa «hay que adaptarlas al contexto y urbanismo de Barcelona». A partir de ahí, el plan de trabajo se organizó en cuatro tareas que van desde describir el estado actual del sistema semafórico hasta proponer estrategias para zonas críticas. Entre otras cosas, el equipo mira qué cruces combinan mucho tráfico con margen para reajustar tiempos sin dejar a nadie fuera.
El estudio se mueve dentro del Barcelona Innova Lab Mobility, una iniciativa del Ayuntamiento apoyada por la Fundación BIT Habitat y Fira de Barcelona. En ese marco, la UPC ha contado con apoyo del Center for Research and Technology Hellas y con la red European Network of Living Labs.
Las zonas que están sobre la mesa
En la primera fase de despliegue, el Ayuntamiento apunta a grandes cruces y ejes con mucha carga de tráfico. Entre los nombres que se han mencionado aparecen la plaza de Alfonso Comín, la calle de Sants, la avenida Meridiana, Drassanes Colom y el entorno de Sant Antoni.
Por ahora, la fase 0 se concibe como una prueba a escala de corredor, algo parecido a encadenar varios semáforos para que trabajen como un equipo. Si alguna vez has ido en bus y has notado que un semáforo corta el ritmo justo cuando el carril se despeja, ya intuyes por dónde va el asunto.
El reto es grande por pura magnitud. Barcelona tiene 1.823 cruces con regulación semafórica y más de 40.000 semáforos, según los datos municipales compartidos por el Ayuntamiento.
Lo que hay que vigilar
La promesa suena simple, pero el detalle importa. Para ajustar semáforos en tiempo real, la IA necesita datos fiables y reglas claras, y el propio estudio habla de pilares como la sostenibilidad, la calidad de vida y la ética y la transparencia.
También hay un punto práctico que no se suele ver desde la acera. Un cambio pequeño en un cruce puede mover colas y tiempos de espera a la manzana de al lado, por eso se insiste tanto en pilotos acotados y en ir paso a paso.
No es una idea aislada en el mundo, aunque cada ciudad lo hace a su manera. En Estados Unidos, por ejemplo, el Departamento de Transporte explica el «control adaptativo de semáforos» como una forma de ajustar los tiempos de rojo y verde cuando el tráfico cambia, frente a los horarios preprogramados, y lo resume en una guía de la Federal Highway Administration.
El estudio principal se ha publicado en la Universitat Politècnica de Catalunya.













