Si pareces completamente tranquilo en una crisis, ten cuidado, la psicología lo relaciona con el apego evasivo y la inhibición emocional crónica, un rasgo oculto que muchos confunden con la frialdad

Publicado el: 5 de marzo de 2026 a las 08:01
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Mujer aparentemente desbordada en el trabajo frente al ordenador, imagen relacionada con apego evitativo e inhibición emocional.

La imagen de alguien que mantiene la calma cuando todo se desmorona suele despertar admiración. En oficinas, hospitales o grupos de amigos, esa persona que no se inmuta en mitad de una crisis se convierte en el punto de referencia. Pero ¿qué pasa cuando esa calma se siente más como una máscara que como un recurso saludable?

Sin embargo, la psicología sugiere que esa serenidad exterior no siempre es una superhabilidad que se entrena en cursos de liderazgo. Muchas veces es una respuesta aprendida para sobrevivir a entornos difíciles, una coraza emocional que protege pero también pasa factura con el tiempo.

Cuando aprender a callar las emociones parece madurez

Orla, profesional de comunicación de crisis en Dublín, recibió elogios en el trabajo porque sus jefes la veían «inquebrantable» durante una semana especialmente complicada. Por dentro describía algo muy diferente, una sensación de vacío que chocaba con la imagen tranquila que mostraba a todo el mundo. Esa distancia entre lo que se siente y lo que se enseña es habitual en personas que han tenido que contener sus emociones desde muy jóvenes.

En un taller de resiliencia en la misma ciudad, un participante recordó una infancia en la que cualquier gesto de enfado o tristeza podía provocar una reacción negativa en casa. Con el tiempo dejó de mostrar lo que sentía para evitar problemas y los demás empezaron a verlo como alguien sensato y siempre en control. Un terapeuta le habló de «inhibición emocional crónica», una especie de piloto automático que apaga las emociones antes incluso de que lleguen a la superficie.

Apego evitativo, calma y distancia

Este patrón encaja con lo que la teoría del apego llama apego evitativo, un estilo de relación en el que la persona se siente incómoda con la cercanía emocional y prefiere depender de sí misma. Investigaciones de los psicólogos Jeffry A. Simpson en la Universidad de Minnesota y W. Steven Rholes en la Universidad Texas A&M describen cómo quienes puntúan alto en evitación tienden a desconectarse y a suprimir sus emociones cuando viven estrés, en lugar de pedir ayuda o consuelo.

Según esta línea de trabajo, ese apagado interior se aprende en gran medida en la infancia cuando mostrar necesidad o vulnerabilidad no trae respuestas cálidas y predecibles. De adultos muchas de esas personas se convierten en el amigo, la compañera o el hermano al que todos llaman cuando hay un problema porque siempre parece tener la cabeza fría. Algunos especialistas hablan de una «trampa de la utilidad emocional» en la que uno se siente apreciado por ser útil y estable, pero no necesariamente por poder ser humano y fallar.

El coste psicológico de parecer siempre fuerte

La supresión constante de lo que se siente no es gratis. Un estudio largo con estudiantes que empezaban la universidad publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology observó que quienes tapaban de forma habitual sus emociones recibían menos apoyo social, se sentían menos cerca de los demás y declaraban menor satisfacción con su vida social.

El trabajo, liderado por Sanjay Srivastava en la Universidad de Oregón, señaló que estas personas seguían sintiendo emociones intensas por dentro aunque la cara pareciera de mármol. La ausencia de gestos visibles rompía parte del intercambio emocional con el entorno y por lo general los demás las percibían como menos accesibles. Otros estudios con parejas y matrimonios han vinculado la supresión crónica con menor intimidad y más malestar psicológico, aunque el impacto exacto depende del contexto y de cómo se regulan ambos miembros de la relación.

La soledad de ser la persona tranquila en todas las crisis

Quienes encajan en este perfil suelen convertirse en el pilar del grupo, la persona a la que se recurre cuando alguien enferma, cuando hay que dar una mala noticia o cuando el trabajo se incendia metafóricamente. Escuchan, organizan, mantienen la voz plana y rara vez pierden los nervios, algo que muchas empresas valoran casi tanto como un buen currículum. Sin embargo, esa reputación hace que casi nadie les pregunte de verdad cómo están y ahí surge la pregunta incómoda, ¿quién sostiene entonces a la persona que sostiene a todos?

Con el tiempo algunas describen una sensación de estar emocionalmente lejos incluso de las personas que más quieren. La psicología sugiere que esa calma admirada es en gran medida una estrategia de supervivencia que funcionó en el pasado pero que puede dificultar la cercanía en la vida adulta. En la práctica esto se traduce en escenas muy cotidianas, como decirse por dentro «no pasa nada, yo puedo con esto» mientras una parte de uno mismo desearía poder derrumbarse en el sofá de alguien de confianza.

El estudio principal sobre apego adulto, estrés y regulación emocional en el que se basa este artículo se ha publicado en Current Opinion in Psychology

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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