Sharissa de Leng, de 21 años y vecina de Hoogkarspel, en la región neerlandesa de West-Friesland, ha completado un puzle de 40.320 piezas tras unos dos años y medio de trabajo paciente. El resultado ocupa prácticamente todo el suelo del salón de la casa de su madre y el propio periódico regional lo describe como un huzarenstukje, una expresión neerlandesa para una hazaña complicada que exige mucha dedicación.
Para Sharissa, montar rompecabezas forma parte de su día a día, hasta el punto de que un puzzle «normal» de 1.000 piezas le puede llevar solo unas horas. Esta vez decidió ir mucho más allá y terminar uno de los mayores desafíos comerciales disponibles, algo que la ha acompañado durante más de dos años mientras el salón se convertía poco a poco en una alfombra de piezas de colores.
Una aficionada que llenó el salón pieza a pieza
Según el relato del periodista Leo Blank, Sharissa empezó el proyecto hace alrededor de 2,5 años con la idea clara de llegar hasta el final, aunque sin una fecha exacta en mente. El rompecabezas está dividido en diez partes de algo más de 4.000 piezas cada una, lo que le permitió ir avanzando por secciones antes de unirlas en el suelo del salón.
Algunas personas que han visto el resultado la han tachado de «loca» por embarcarse en algo tan grande y otras hablan de pura admiración ante la paciencia necesaria. Ella, por lo que se ha contado, se mantiene tranquila y con los pies en la tierra, simplemente orgullosa de ver por fin todas las piezas encajadas después de tantos meses.
Qué supone un rompecabezas de 40.320 piezas
Los rompecabezas de este tamaño no son un juego de sobremesa cualquiera, sino productos de nicho que llegan en varias bolsas y requieren una superficie enorme para poder verse completos. Un modelo comercial de 40.320 piezas de la marca Ravensburger, con escenas de películas clásicas de Disney y dividido en diez secciones, alcanza unos 6,8 metros de ancho por 1,9 de alto y ocupa cerca de 13 metros cuadrados, con un peso aproximado de 20 kilos.
El puzzle de Sharissa encaja en ese tipo de formatos y el diario destaca que también está compuesto por diez partes de algo más de 4.000 piezas. En la práctica esto significa gestionar miles de piezas clasificadas por colores y formas durante meses, buscar huecos libres en casa y convivir con la idea de que perder una sola pieza puede arruinar la foto final.
Un hobby de larga distancia para muchos fans del puzzle
El reto que ha asumido Sharissa no es un caso aislado, sino parte de una tendencia de aficionados que buscan puzzles cada vez más grandes. En los últimos años han salido al mercado rompecabezas comerciales de hasta 48.000 piezas, como el modelo «Viajando alrededor del mundo» de Grafika, que también se vende en bolsas numeradas y ocupa varios metros de largo en el suelo.
En foros y redes sociales, otras personas comparten proyectos que se alargan durante años con puzzles gigantes montados en garajes, trasteros o habitaciones dedicadas solo a este hobby. Para muchos, es un reto de fondo similar a entrenar para una maratón, solo que aquí el esfuerzo se mide en piezas encajadas en lugar de kilómetros recorridos.
Paciencia, concentración y algo de salud mental
Más allá de la hazaña visual de llenar un salón con un paisaje de cartón, resolver rompecabezas de este tipo entrena la concentración y la constancia. Estudios sobre el efecto de los rompecabezas señalan que este tipo de actividad puede mejorar distintas habilidades cognitivas y, por lo general, ayuda a reducir el estrés al obligar a centrarse en una tarea concreta durante largos periodos.
En el caso de Sharissa, 2,5 años con el mismo proyecto dicen mucho de su capacidad para mantener la motivación cuando el progreso es lento y el final parece muy lejos. Para cualquier aficionado, ver todas las piezas encajadas después de tanto tiempo es casi como cruzar una meta personal en zapatillas de estar por casa, un recordatorio de que la paciencia también puede convertir un pasatiempo en una pequeña gran historia.
La nota original se ha publicado en Noordhollands Dagblad.









