Elon Musk ha puesto el foco en algo menos vistoso que un cohete, pero igual de decisivo para sus planes. Una fábrica de chips llamada Terafab, pensada para alimentar a la vez coches, robots y una idea aún más ambiciosa, centros de datos en órbita.
La promesa es enorme y, por ahora, también lo son las incógnitas. Musk y sus empresas Tesla, SpaceX y xAI dicen que necesitan más chips de los que el mercado puede servirles hoy, y que por eso quieren fabricar los suyos, cerca de Austin, en Texas.
Qué es Terafab
Terafab es el nombre de un plan para construir dos plantas de fabricación de semiconductores, es decir, dos fábricas donde se “cocinan” chips sobre láminas de silicio en salas ultralimpias. Musk lo resumió en X con una idea práctica, que haya dos fábricas separadas y que cada una haga un único diseño de chip para simplificar el trabajo.
En este proyecto están implicadas Tesla y SpaceX, y se presenta como un esfuerzo compartido también con xAI, la empresa de inteligencia artificial de Musk. La ubicación inicial que se repite en los anuncios es el área de Austin, donde Tesla ya tiene una gran instalación industrial.
La escasez de chips
¿Por qué meterse en un negocio tan duro como fabricar chips desde cero? Musk dice que el problema es la oferta, que la industria no estaría creciendo lo bastante rápido para cubrir lo que él espera necesitar en coches autónomos, robótica y sistemas de IA. En su presentación llegó a plantearlo como un cuello de botella directo. “O construimos Terafab o no tenemos los chips”, afirmó.
Aquí conviene parar un segundo. Cuando se habla de “potencia de cómputo” en gigavatios o teravatios, no es una cifra que puedas comparar como si fuera la potencia de un microondas, pero sirve para hacerse una idea del tamaño del objetivo. Musk ha defendido que quiere escalar desde el nivel actual de la industria a algo mucho mayor, y otras estimaciones externas sitúan el “cómputo de IA” global en decenas de gigavatios, no en cientos.
Chips para Tierra y órbita
El esquema que han comunicado Tesla y Musk es casi un reparto en dos mundos. Tesla, según su propio mensaje, habla de una instalación capaz de integrar lógica, memoria y empaquetado avanzado, con una meta de producción equivalente a un teravatio al año.
Musk, por su parte, ha descrito un reparto aproximado, con alrededor del 80% orientado a usos espaciales y el 20% restante para usos en tierra. Dicho en cristiano, la parte terrestre alimentaría cosas como vehículos y robots, mientras que la parte espacial apuntaría a computación a gran escala fuera del planeta.
La lógica detrás de esto conecta con otra pieza del puzle. SpaceX ya ha empujado formalmente la idea de centros de datos en órbita, con satélites que harían de “granjas de computación” en el espacio, alimentadas por energía solar.
El reto de hacerlo todo
Una cosa es diseñar chips y otra, fabricarlos. Musk insiste en que Terafab no sería solo una planta más, sino un sistema integrado para diseñar, fabricar, probar y mejorar chips con un ciclo rápido, casi como si fuera una “línea continua” de aprendizaje industrial. Sobre el papel, eso reduce esperas y transporte entre proveedores.
En la práctica, levantar una fábrica puntera de semiconductores suele ser lento y muy caro. Analistas citados en prensa especializada recuerdan que hay equipos críticos con listas de espera largas, como ciertas máquinas de litografía fabricadas por ASML, y que conseguir personal con experiencia también es una batalla.
Aun así, Tesla ya está moviendo piezas que suenan a obra real. En su web de empleo aparece una oferta vinculada a “Terafab” para un puesto técnico en Austin, una señal temprana de planificación y ejecución, aunque no garantice calendarios.
Lo que falta por saber
La gran pregunta es simple y muy humana. ¿Cuándo, exactamente, estaría lista una fábrica así y a qué escala podría producir? Musk no ha dado una fecha cerrada, y el propio anuncio admite que, mientras tanto, seguirá comprando chips a proveedores como TSMC, Samsung o Micron.
También está el “después” del chip, sobre todo en el lado espacial. SpaceX ya ha entrado en el terreno regulatorio con una solicitud para un sistema de hasta un millón de satélites descritos como “orbital data centers”, y eso abre debates sobre logística, mantenimiento y gestión de un volumen gigantesco de hardware en órbita.
El anuncio oficial se ha publicado en la cuenta de Tesla en X.












