La mayoría de robots se diseñan con un cuerpo fijo. Si una pata se rompe o un motor falla, el resto del sistema suele quedarse tirado, como un patinete con una rueda menos.
Un equipo de la Universidad Northwestern ha presentado otra idea, robots que se montan como piezas de Lego y que pueden seguir avanzando incluso cuando se dañan. En pruebas al aire libre, estas “metamáquinas con patas”, publicadas el 6 de marzo de 2026, se movieron por terrenos irregulares y siguieron funcionando aunque se separaran en módulos.
Metamáquinas con patas, un robot hecho de robots
La investigación la lideró Sam Kriegman, profesor en la McCormick School of Engineering de Northwestern y miembro del Center for Robotics and Biosystems, junto a los doctorandos Chen Yu, David Matthews y Jingxian Wang. En su idea, una “metamáquina” es un robot que puede cambiar de cuerpo al unir módulos, y la universidad lo resume en una nota oficial.
Cada módulo es una unidad completa con motor, batería y un pequeño ordenador, lo justo para “pensar” y moverse. La pieza base mide alrededor de 50 centímetros y parece dos varillas unidas por una esfera central que rota en un solo eje.
Aquí viene lo raro, por sí solo un módulo puede rodar, girar y saltar, y al separarse puede seguir su camino y luego volver a encajar con otros. “Sobreviven incluso si los cortas por la mitad o en pedazos”, afirma Kriegman en el comunicado, una frase que suena inquietante pero describe el planteamiento.
Una inteligencia artificial que explora formas nuevas
Para decidir qué combinaciones funcionan mejor, el equipo usó un algoritmo evolutivo, un programa que prueba muchas opciones en simulación y se queda con las que se mueven de forma más eficiente. En la práctica, es como acelerar la selección natural en un ordenador y, después, construir en el mundo real lo que mejor salió.
Kriegman ya había experimentado con este enfoque en 2023, cuando su laboratorio presentó un sistema de “evolución instantánea” para diseñar un robot caminante en segundos. Ese trabajo previo se explicó en una publicación de Northwestern Now y sirve de contexto para entender por qué ahora apuestan por piezas que se recombinan.
El resultado, según la universidad, son configuraciones de tres, cuatro o cinco patas que no imitan a perros o humanos y se mueven de maneras poco familiares. “Se ensamblan rápidamente y luego, literalmente, echan a correr en cuanto tocan el suelo”, asegura Kriegman.
Pruebas fuera del laboratorio y por qué importa
En los ensayos de campo, las metamáquinas recorrieron grava, hierba, raíces, hojas, arena, barro y ladrillos irregulares. El material suplementario en arXiv añade superficies como mantillo y hormigón, una pista de que el equipo buscaba condiciones menos “de pasillo” y más de parque.
La resistencia al daño es el otro punto fuerte. Si una pata se desprende, el resto ajusta su movimiento y sigue, y la pieza suelta no se convierte en un lastre, porque también puede rodar y reunirse con el grupo.
¿Para qué sirve algo así en el mundo real? En general, un robot que se repara rápido y no se rinde con el primer golpe podría encajar en tareas en entornos desordenados, como inspección tras un derrumbe o exploración en el campo. También abre preguntas prácticas sobre control y seguridad, sobre todo si estas máquinas acaban trabajando cerca de personas.
El estudio principal se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.












