La forma fácil de hablar de inteligencia artificial y trabajo suele irse a dos extremos. O bien se repite que todavía no pasa nada o bien se anuncia un apocalipsis laboral que lo arrasa todo. El nuevo estudio de Anthropic, creadora del modelo Claude, se cuela justo entre esas dos visiones cómodas y muestra algo menos vistoso pero más inquietante.
El informe, firmado por los economistas Maxim Massenkoff y Peter McCrory, cruza lo que la IA podría hacer con lo que ya está haciendo en el trabajo real. Su conclusión principal es clara. No se ve una ola de despidos en masa en los empleos más expuestos a la IA, pero sí una caída medible en las oportunidades de entrada para la gente joven.
Una forma nueva de medir el impacto de la IA
Anthropic introduce una métrica llamada “exposición observada” que, dicho en sencillo, mide cuánta parte de un trabajo ya se está haciendo con IA en la práctica. En lugar de quedarse solo con listas de tareas teóricas, el equipo cruza esas tareas con millones de usos profesionales de Claude recogidos en el informe de su Anthropic Economic Index.
La idea es intuitiva. Si un modelo puede redactar informes o revisar código, pero nadie lo usa para eso en la empresa, el riesgo inmediato es menor. En cambio, cuando las tareas de un puesto aparecen una y otra vez en los registros de uso de Claude, y además en modo automatizado, esa ocupación pasa a tener una exposición alta en el mapa de Anthropic.
Los números muestran una brecha grande entre lo posible y lo real. En trabajos de computación y matemáticas, los modelos de lenguaje podrían ayudar en torno a nueve de cada diez tareas, pero el estudio calcula que Claude solo cubre un tercio de ellas. En oficina y administración la capacidad teórica también se acerca a ese nivel alto, mientras que el uso efectivo va por detrás, como si el mercado estuviera aún subiendo la rampa.
Quién está realmente expuesto a la IA
En la parte alta de la lista aparecen perfiles conocidos. Programadores informáticos, representantes de servicio al cliente y operadores de entrada de datos concentran gran parte de las tareas que ya se automatizan con Claude, con coberturas que rondan entre dos tercios y tres cuartas partes de su trabajo diario. En el otro extremo, alrededor de un 30 por ciento de la fuerza laboral ni siquiera aparece en los datos, con ocupaciones como cocineros, mecánicos o socorristas donde el modelo, por ahora, pinta poco.
Lo llamativo es el perfil de quienes están más expuestos. Según el análisis, las personas en el grupo de mayor exposición ganan de media casi la mitad más que las menos expuestas y son mucho más propensas a tener estudios de posgrado. En lugar de centrarse en empleos poco cualificados, la primera ola de impacto se apoya en profesiones de cuello blanco como abogacía, finanzas o desarrollo de software, justo las que muchos jóvenes veían como apuesta segura.
Otros trabajos recientes, como un estudio de 2025 en Dinamarca que vincula uso de chatbots con datos laborales, también encuentran efectos iniciales limitados en empleo total. Pero advierten que estos efectos pueden acelerarse cuando la tecnología se integra de lleno en los procesos de las empresas, no solo como herramienta puntual.
Sin despidos masivos, pero sí menos oportunidades de entrada
El resultado que rompe el tópico es que, de momento, las ocupaciones con mayor exposición no muestran un aumento claro del desempleo frente al resto. Desde 2016 hasta la etapa posterior a la llegada de ChatGPT, las tasas de paro de los grupos más expuestos se han movido casi en paralelo a las de los trabajadores sin exposición. El estudio señala que una “Gran Recesión para los trabajadores de cuello blanco” sería detectable con su método y que, por ahora, no se ve nada parecido.
Donde sí hay movimiento es en la puerta de entrada para la gente joven. Para trabajadores de entre 22 y 25 años, Anthropic detecta una caída cercana al 14 por ciento en la probabilidad de empezar un empleo nuevo en ocupaciones muy expuestas respecto a 2022. En la práctica esto significa que un recién graduado que sueña con su primer puesto en programación, consultoría o análisis de datos se encuentra con menos ofertas, aunque las plantillas actuales no estén siendo recortadas de forma masiva.
Este resultado encaja con las advertencias del propio Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, que el año pasado alertó de que la IA podría desplazar hasta la mitad de los trabajos de entrada de cuello blanco en pocos años. La diferencia es que ahora esa preocupación se acompaña de un cuadro de mandos cuantitativo que permite ver cuándo una predicción así empieza a convertirse en dato medible.
Qué implica para América Latina y para quienes empiezan su carrera
El estudio se basa en datos de Estados Unidos, el mercado laboral más medido del mundo. Aun así, abre una pregunta incómoda para regiones donde el trabajo de oficina deslocalizado es una fuente clave de empleo, como los call centers de Bogotá o los equipos de back office en Ciudad de México y Buenos Aires. Esos sectores encajan casi al milímetro con las ocupaciones de alta exposición que destaca el informe de Anthropic.
Si en un entorno con más protección social ya se ve una caída en la contratación juvenil en estas áreas, cabe preguntarse qué está ocurriendo en mercados con más presión de costes y menos datos disponibles. Los expertos recuerdan que no es solo un asunto de despidos, sino de quién consigue entrar y quién se queda encallado en trabajos temporales, subempleos o años extra de estudios para ganar tiempo.
La lección incómoda es que, aunque las empresas todavía subutilizan en gran medida la tecnología disponible, los efectos ya se notan en la franja más frágil del mercado laboral. Al final del día, la IA no está derribando de golpe las compañías, pero sí va estrechando poco a poco el hueco de entrada para quien llega después.
El estudio principal se ha publicado en la sección de investigación económica de Anthropic.













