¿Qué pasaría si usar una inteligencia artificial acabara pareciéndose a encender la luz o abrir el grifo? Eso es, en esencia, lo que defendió Sam Altman el 11 de marzo en el U.S. Infrastructure Summit de BlackRock, donde explicó que OpenAI imagina un futuro en el que la IA se compre “por contador”, igual que la electricidad o el agua.
La idea suena sencilla, pero arrastra un debate bastante más serio. Si la IA pasa a tratarse como un servicio básico, también crece la presión sobre los centros de datos, el sistema eléctrico y, en último término, sobre el papel que podrían jugar las administraciones públicas.
Qué quiso decir realmente Altman
Durante su conversación con Adebayo Ogunlesi, Altman dijo que ve “un futuro en el que la inteligencia sea una utilidad como la electricidad o el agua” y que la gente la compre según el uso. También insistió en que OpenAI quiere “inundar el mundo con inteligencia”, una forma de resumir su idea de una IA abundante, disponible y cada vez más barata.
Traducido a lenguaje de calle, habla de una IA que no se adquiere como un programa cerrado, sino que se usa cuando hace falta y se paga por consumo. No fue una frase suelta. En un texto de OpenAI sobre el futuro de la IA, la propia empresa ya sostuvo en noviembre de 2025 que el acceso a estos sistemas podría convertirse en un servicio esencial, comparable a la electricidad, el agua potable o incluso los alimentos.
La factura oculta son los centros de datos
Ese modelo necesita una base física enorme. OpenAI presentó en enero de 2025 Stargate con una inversión prevista de 500.000 millones de dólares en cuatro años y, meses después, anunció junto a Oracle un acuerdo adicional para desarrollar 4,5 gigavatios más de capacidad en Estados Unidos. Dicho rápido, parece una promesa de catálogo. Construirlo es otra historia.
Aquí entra la energía, que es el cuello de botella de todo esto. El Departamento de Energía de Estados Unidos calcula que los centros de datos consumieron alrededor del 4,4 por ciento de la electricidad del país en 2023 y que podrían absorber entre el 6,7 y el 12 por ciento en 2028, mientras la EIA ya prevé más crecimiento de la demanda eléctrica en 2026 y 2027 impulsado en parte por estas instalaciones. No es una app más. Son fábricas digitales que funcionan sin parar.
Dónde entra el Estado en este modelo
Ahí aparece el punto más delicado. En una entrevista con Tyler Cowen, Altman llegó a decir en noviembre de 2025 que, por el tamaño económico que espera para la IA, el Gobierno podría acabar siendo el “asegurador de último recurso”. Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, también habló entonces de apoyo público para abaratar la financiación dechips e infraestructura, aunque después la empresa matizó que no buscaba garantías federales para sus centros de datos.
Además, el relato de expansión sin fricciones ya ha mostrado baches. Días después de que OpenAI presumiera del avance de Stargate, trascendió que Oracle y OpenAI habían cancelado una ampliación prevista en Abilene, Texas, tras problemas de financiación y cambios en las necesidades del proyecto. Por eso la frase de Altman importa tanto. Si la IA quiere parecerse al agua o a la luz, el debate ya no es solo tecnológico, también es económico y político.
La intervención oficial se ha publicado en BlackRock.














