En algunos centros comerciales y en conjuntos residenciales de Bogotá, es decir, complejos de viviendas con zonas comunes, ha empezado a verse un nuevo tipo de «vigilante» que no pide descansos. Son robots humanoides equipados con inteligencia artificial, pensados para reforzar la seguridad con una vigilancia constante.
Uno de los primeros prototipos se presenta como Vicente. Sus impulsores explican que su papel es principalmente preventivo, con cámaras de ultra alta definición y software que detecta comportamientos fuera de lo normal y avisa a un centro de control.
Vicente, un vigilante distinto
Vicente no se limita a mirar. También se acerca, saluda y puede orientar a quien busca una entrada, una oficina o un punto de información, algo que en un centro comercial se agradece cuando hay prisa.
El equipo detrás del despliegue describe a estos robots como plataformas móviles con «ojos» digitales. Además de cámaras, integran sensores para captar movimiento y otras señales, y envían vídeo en directo a una sala de control.
La idea es que el robot esté presente donde hay mucho movimiento. En la práctica, eso significa pasillos con gente, accesos concurridos y zonas comunes donde una distracción humana puede costar caro.
Qué hace la inteligencia artificial aquí
La inteligencia artificial, en este caso, es un conjunto de programas que buscan patrones en las imágenes y en otros datos del entorno. Funciona un poco como cuando tú detectas algo raro en clase por una mirada o un gesto, pero aquí lo hace una máquina con reglas y ejemplos.
El concepto clave es la «anomalía», que es cualquier cosa que se sale de lo habitual en un sitio concreto. Puede ser una carrera repentina, una aglomeración extraña o alguien entrando en una zona restringida, y la pregunta obvia es quién decide qué es «normal».
Según la información del proyecto, el sistema analiza lo que capta y lanza alertas tempranas cuando detecta señales de riesgo. Después, la respuesta se coordina con el personal de seguridad y, si hace falta, con la Policía o con otros organismos de control.
Dónde se están usando y para qué
Por ahora, el despliegue en Bogotá es limitado y se concentra en centros comerciales y conjuntos residenciales. Las empresas de vigilancia privada presentan esta tecnología como parte de su modernización, con la idea de extenderla más adelante a colegios, centros de salud, compañías y entidades financieras.
Su tarea principal es la vigilancia continua. Las cámaras transmiten las 24 horas del día, los siete días de la semana, y eso permite cubrir turnos largos sin el desgaste físico que sí afecta a una persona, sin sueño ni despistes.
Además del control de accesos, se busca que el robot haga de «punto de apoyo» en espacios abiertos al público. Puede responder saludos, dar indicaciones básicas y ayudar a ordenar flujos de visitantes cuando un lugar está lleno y el ruido lo complica todo.
Un complemento para los vigilantes humanos
Las empresas que lo están probando insisten en que no es un reemplazo inmediato del personal humano. Vicente lo resume así durante una presentación pública «Hoy la tecnología no reemplaza la seguridad, la hace más precisa, más eficiente, más inteligente».
Camilo Castiblanco, director general del proyecto, sostiene que un robot como Vicente no se fatiga ni se distrae. La principal pausa sería el cambio de batería para continuar con los recorridos, un detalle que marca diferencias frente a los turnos tradicionales.
Miguel Ángel Díaz, presidente de Andiseg, ha subrayado que el enfoque es preventivo y que la rapidez para enviar información puede ayudar a optimizar recursos. En un sector donde los costes de la vigilancia humana han subido, en parte por el aumento del salario mínimo, esa promesa tiene un atractivo evidente.
Lo que todavía falta por aclarar
Que un robot vigile no elimina los problemas clásicos de la seguridad, solo los cambia de sitio. Si el sistema confunde una sombra con una persona o interpreta mal un gesto, puede disparar una falsa alarma y tensar una situación que era inocente.
Otro tema es la privacidad. ¿Quién ve el vídeo, cuánto tiempo se guarda y con qué controles? La UNESCO suele insistir en que la inteligencia artificial debe usarse con supervisión humana y con protección de derechos, especialmente en entornos cotidianos.
También está el reto de la fiabilidad y de las reglas del juego. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos propone guías para gestionar riesgos de sistemas de IA, con ideas como medir errores y documentar decisiones, y Colombia ya tiene una política pública sobre transformación digital e inteligencia artificial desde 2019 a través del documento CONPES 3975 coordinado por el Departamento Nacional de Planeación.
La nota principal se ha publicado en Noticias Caracol.













