Mirar desde el espacio ya no es cosa de dos o tres superpotencias. Hoy, un satélite comercial puede dar a un gobierno una «segunda cámara» sobre bases, puertos o carreteras a cientos de kilómetros.
Esa idea vuelve a escena tras la aparición de documentos filtrados que vinculan a Irán con el satélite chino TEE-01B. Según la información recogida por Reuters, la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria iraní habría obtenido el control del aparato a finales de 2024, algo que Pekín ha negado.
Qué satélite es y quién lo puso en órbita
TEE-01B es un satélite de observación terrestre, básicamente una cámara que fotografía la superficie de la Tierra desde una órbita baja. El proyecto se asocia a Earth Eye Co, conocida en China como Beijing Mumei Xingkong, y se presenta como parte de una red de satélites comerciales.
El lanzamiento ocurrió el 6 de junio de 2024 desde el centro espacial de Jiuquan, en China. La empresa de cohetes Galactic Energy informa de que el satélite entró en una órbita de unos 545 kilómetros, diseñada para mantener una iluminación parecida y facilitar comparaciones entre imágenes.
La resolución explicada en simple
La palabra «resolución» suena técnica, pero la idea es simple. Cuanto más baja es la cifra en metros, más detalle tiene la foto y más fácil es separar objetos cercanos, como explica la Administración Espacial Nacional China en su material divulgativo.
En el caso del TEE-01B, la empresa habla de un modo más nítido en blanco y negro, alrededor de medio metro, y otro de varias bandas de color, alrededor de 2 metros. ¿Para qué sirve? Para detectar cambios grandes, como actividad en una pista o movimiento de vehículos.
Qué dicen los documentos filtrados sobre Irán
La parte sensible no es solo la cámara, sino quién decide a dónde apunta. La información difundida por Reuters habla de órdenes internas para observar instalaciones de Estados Unidos en Oriente Medio, con imágenes tomadas en marzo de 2026 antes y después de ataques.
Entre los lugares citados aparece la base aérea Prince Sultan, en Arabia Saudí, fotografiada los días 13, 14 y 15 de marzo de 2026. Reuters también recoge que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó el 14 de marzo que aviones estadounidenses en esa base habían sido alcanzados.
El mismo paquete menciona más puntos observados en fechas cercanas, como la base aérea Muwaffaq Salti en Jordania y áreas próximas a la base naval de la Quinta Flota estadounidense en Manama, Baréin, además del aeropuerto de Erbil, en Irak. Reuters añade una advertencia importante, no pudo verificar de forma independiente el contenido de esos archivos.
Entrega en órbita y control desde tierra
Uno de los detalles que más intriga es el método de compra. En su oferta de exportación, Earth Eye Co describe la «entrega en órbita», un modelo en el que el satélite se fabrica y se lanza en China y, tras pruebas en el espacio, se transfiere el control al cliente extranjero.
Ese control no es solo recibir fotos. También es fijar una agenda de observación, programar pasadas y decidir cuándo se descarga la información hacia estaciones en tierra, algo clave si se quiere reaccionar rápido.
Ahí entra Emposat, una empresa con sede en Pekín que ofrece servicios de operación y apoyo en tierra. En su presentación corporativa, Emposat afirma que opera una red de estaciones y que presta servicios de gestión en órbita, un tipo de infraestructura que suele ser decisiva en cualquier programa espacial.
China lo niega y la tensión crece
La respuesta oficial de Pekín ha sido de rechazo frontal. En declaraciones recogidas por Reuters, el Ministerio de Exteriores chino calificó la historia de falsa y habló de intentos de «fabricar rumores» para asociar a China con el conflicto.
La Embajada de China en el Reino Unido publicó un mensaje el 17 de abril de 2026 para reiterar que el informe «no es cierto». En ese texto también defendió que China se opone a que se la vincule con una guerra que «no debería haber ocurrido».
Mientras tanto, el episodio encaja con una tendencia más amplia, la militarización del espacio a través de herramientas que nacen como comerciales. Un satélite pensado para contar cultivos puede servir también para revisar una pista de aterrizaje antes y después de un ataque, y ese salto de uso suele elevar el nerviosismo en cualquier región en tensión.
El informe principal se ha publicado en Reuters.









