Yibuti es un país pequeño del Cuerno de África, pero su costa está pegada a una autopista marítima por la que pasan barcos con combustible, contenedores y, cada vez más, fuerzas militares. Ahí es donde China decidió instalar su primera presencia militar estable fuera de su territorio, un movimiento que cambió el tablero.
No es una historia de ciencia ficción ni un anuncio de guerra inminente. Es, sobre todo, una decisión logística con efectos políticos, porque en esa misma franja de tierra conviven bases de varias potencias y cualquier incidente puede afectar a rutas comerciales de las que dependen millones de personas.
Qué tiene de especial Bab el Mandeb
Bab el Mandeb es uno de esos lugares que casi nadie sabría señalar en un mapa, pero que pueden acelerar o frenar el comercio mundial. Piensa en un embudo, si lo estrechas, todo lo que viene detrás se acumula.
Según la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, este estrecho conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y es un “cuello de botella” para el transporte de energía. Solo en 2018, la agencia estima que por ahí circularon en torno a seis millones de barriles al día de petróleo y derivados. Y añade un aviso práctico, un bloqueo obligaría a muchos buques a rodear África, con más días de viaje y más coste.
Cómo Pekín explicó su presencia militar
La confirmación oficial se vio con claridad el 21 de enero de 2016, cuando Hong Lei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, dijo que Pekín y Yibuti habían alcanzado un “consenso” para construir instalaciones logísticas. Lo justificó por las dificultades reales de reabastecimiento de los barcos chinos que realizan misiones de escolta frente a Somalia y en el golfo de Adén.
Un informe de 2017 del Center for Naval Analyses, firmado por Erica Downs, Jeffrey Becker y Patrick deGategno, interpretó ese paso como un giro de fondo en la política de seguridad china. En ese trabajo se describe la instalación como una pieza que puede apoyar misiones contra la piratería, evacuaciones de civiles y operaciones de paz. También sitúa a Yibuti como un país donde, en ese momento, convivían despliegues de Estados Unidos, Francia, Japón, Italia y España, entre otros.
Un cruce de bases en pocos kilómetros
La convivencia de banderas no es un detalle menor en Yibuti. La Marina de Estados Unidos explica que Camp Lemonnier es su base principal para las operaciones de U.S. Africa Command en el Cuerno de África. También detalla que da apoyo a unas 4.000 personas entre personal militar, civil y contratistas.
Y aquí llega la parte sensible, la distancia. Un estudio publicado en Military Law Review señalaba que las principales instalaciones de Estados Unidos y China en Yibuti están separadas por poco más de una decena de kilómetros. Esa cercanía aumenta el riesgo de malentendidos y roces en un espacio ya muy vigilado.
La palabra que asusta y lo que suele pasar
A veces se dice que este punto podría ser el inicio de una “Tercera Guerra Mundial”. Suena contundente, pero los riesgos que se discuten con más frecuencia son más cotidianos, un incidente, una interpretación errónea, una escalada por orgullo o por falta de comunicación.
En la práctica, los choques graves suelen empezar por cosas pequeñas, sobre todo cuando hay barcos, aviones y drones de distintos países operando cerca. Por eso la conversación real gira en torno a protocolos, coordinación y límites, más que a profecías.
Lo que puede notar Europa y España en el día a día
La importancia de este corredor se nota cuando se complica la navegación por el mar Rojo. Naciones Unidas, a través de UN Trade and Development, explicó que a finales de 2023 y en el primer trimestre de 2024 muchos barcos desviaron rutas y rodearon el cabo de Buena Esperanza, con más distancia y más costes, y puso como ejemplo un viaje como Shanghái a Róterdam que podía alargarse alrededor de doce días.
Para Europa, esos desvíos suelen traducirse en retrasos y subidas de precio en transporte, y eso termina afectando a cadenas de suministro de todo tipo. Yibuti, por su ubicación, queda en medio de esa historia, no porque decida el comercio mundial, sino porque se ha convertido en el aparcamiento donde las grandes potencias se preparan para protegerlo.
La confirmación oficial se publicó en el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular China.










