La Marina de Estados Unidos ha retomado las pruebas de su cañón de riel en Nuevo México, una tecnología que durante años quedó en un segundo plano y que muchos daban casi por amortizada. La referencia aparece en la revisión anual de 2025 del Naval Surface Warfare Center Port Hueneme Division, donde se describe una campaña de tres días realizada en febrero junto con el Naval Surface Warfare Center Dahlgren Division.
Lo llamativo no es solo que el arma haya vuelto a dispararse, sino para qué se hizo. Las pruebas se realizaron para la Joint Hypersonics Transition Office, una oficina creada por el Pentágono en 2020 para acelerar el paso de tecnologías hipersónicas a capacidades utilizables, así que el cañón de riel parece estar funcionando también como banco de pruebas para lanzamientos a muy alta velocidad.
Qué se ha probado ahora
White Sands no se eligió al azar. En una pieza oficial firmada por Thomas McMahon para el Naval Surface Warfare Center Port Hueneme Division, la propia Armada explica que el campo permite recuperar piezas en el desierto, seguir los proyectiles con radares y telemetría, y hacerlo a menor coste que una campaña en el mar. Abie Parra lo resumió con una frase muy de taller, «no tenemos que ir a nadar para recuperar el hardware».
Además, ese mismo enclave ya había acogido otro disparo del cañón de riel en febrero de 2022, que Parra describió como «el más largo de la historia». En la práctica, eso significa que el ensayo de 2025 no nace de cero, pero sí confirma que la Marina no ha cerrado del todo una línea tecnológica que llevaba tiempo con menos visibilidad e incluso con parte del material reasignado a universidades.
Cómo funciona un cañón de riel y por qué se frenó
Un cañón de riel usa electricidad en lugar de pólvora. Dos rieles conductores generan campos magnéticos que empujan un proyectil metálico a una velocidad extrema, y por eso el golpe puede destruir el objetivo por pura energía cinética, sin necesidad de una carga explosiva dentro del proyectil.
La Office of Naval Research empujó este programa desde 2005 y lo llevó a récords de energía en Dahlgren. Roger Ellis explicó en 2012 que BAE Systems y General Atomics trabajaban en prototipos de nueva generación, pero el atasco seguía siendo serio, soportar el calor, el desgaste de los rieles y la enorme demanda eléctrica de cada disparo. Parte del hardware terminó donándose en 2022 para investigación académica, una pista clara de que el proyecto había perdido prioridad.
Por qué vuelve a importar
Que el cañón de riel reaparezca ligado a la Joint Hypersonics Transition Office cambia bastante la lectura. Esa oficina se encarga de trazar estrategias para desarrollar y trasladar tecnologías hipersónicas a capacidades operativas, así que cada disparo puede aportar datos útiles sobre materiales, trayectorias y esfuerzos mecánicos en condiciones durísimas.
También hay un factor internacional. Japón no ha soltado esta idea, y la Fuerza Marítima de Autodefensa informó en 2023 de una prueba de tiro en el mar y volvió a mostrar en abril de 2025, a bordo del JS Asuka, el railgun que investiga la agencia ATLA.
Nada de esto quiere decir que la Marina estadounidense vaya a montar mañana un cañón de riel en sus buques. Pero sí deja una idea bastante clara. Lo que parecía un proyecto guardado en un cajón sigue vivo, aunque ahora quizá importe más como herramienta de ensayo para armas de muy alta velocidad que como cañón naval listo para entrar en servicio.
El trabajo oficial se ha publicado en Year in Review 2025 del Naval Surface Warfare Center Port Hueneme Division.













