El estrecho de Ormuz es uno de esos lugares donde una decisión militar se nota en la gasolinera. Por ahí pasa cerca de una quinta parte del petróleo y del gas licuado que se mueve por mar, y en abril de 2026 el tráfico se ha frenado por el miedo a las minas navales.
Irán ha difundido mapas con rutas recomendadas para reducir el riesgo de “colisiones con minas” y, al mismo tiempo, la comunidad marítima intenta entender qué zonas son seguras de verdad. En ese tipo de escenario, los cazaminas españoles de la clase Segura vuelven a la conversación, aunque España no ha anunciado un despliegue al golfo. ¿Quién entra ahí cuando hay que mirar el fondo metro a metro?
Qué está en juego en el estrecho de Ormuz
Ormuz es un cuello de botella entre Irán y Omán, y cualquier interrupción se traslada rápido a los mercados. En los últimos días, Teherán ha hablado de permitir el paso por el lado omaní del estrecho y un portavoz de la Organización Marítima Internacional ha señalado que “cualquier paso que facilite un tránsito seguro” ayuda a la navegación.
El problema es que la amenaza de minas no necesita un mapa perfecto para funcionar. Basta con la sospecha para que los buques reduzcan velocidad, cambien rutas o se queden esperando, como si fuera un atasco pero en mar abierto. Al final del día, una mina naval es un explosivo que puede esperar bajo el agua y activarse cuando un barco pasa cerca.
En paralelo, el Mando Central de Estados Unidos ha dicho que empezó a “establecer un nuevo pasillo” para que el tráfico comercial vuelva a moverse. Ese trabajo suele ser lento y, según especialistas y antiguos oficiales navales, puede requerir varios pasos y medidas de protección para los equipos.
Los seis cazaminas de la clase Segura
España tiene seis cazaminas dedicados a esta tarea, Segura, Sella, Tambre, Turia, Duero y Tajo, encuadrados en la 1ª Escuadrilla de Medidas Contra Minas y con base en el Arsenal de Cartagena. Su casco está construido en plástico reforzado con fibra de vidrio, un material que ayuda a reducir la firma magnética frente a minas que se activan al detectar metal.
Estos buques no son fragatas con “un extra” para buscar minas, son herramientas hechas para ese trabajo. Su cometido es abrir rutas seguras hacia puertos o pasos estrechos cuando la amenaza está escondida bajo el agua.
También están pensados para moverse con precisión a baja velocidad, porque aquí no manda la prisa. En la práctica, es más parecido a registrar una playa centímetro a centímetro que a patrullar a toda máquina.
Cómo se detecta y se neutraliza una mina
El primer paso suele ser localizar posibles objetos en el fondo marino. Ahí es donde entran sensores que permiten “ver” bajo el agua con ecos, algo parecido a cómo un murciélago se orienta en la oscuridad.
Cuando aparece un contacto que no cuadra, se usan vehículos submarinos no tripulados. La Armada describe el empleo de sistemas como Pluto Plus y Minesniper, que funcionan como drones bajo el agua con cámaras y sensores para acercarse sin exponer a buzos o al propio barco.
Solo después llega la parte delicada, confirmar y neutralizar. Normalmente se coloca una carga controlada y se detona a distancia, intentando limitar el riesgo para otras embarcaciones y para el entorno inmediato. Y se repite, una y otra vez.
OTAN, preparación y una modernización en marcha
Aunque Ormuz esté en el foco, la mayor parte del tiempo estos cazaminas entrenan y operan en misiones donde el objetivo es mantener rutas seguras. El 25 de febrero de 2026, el Estado Mayor de la Defensa anunció que el Tambre, M-33, se integraba en la operación Noble Shield dentro del grupo permanente de la OTAN para medidas contra minas número 2, con la misión de “detectar, localizar, identificar y neutralizar” artefactos para proteger rutas y accesos a puertos.
Esa integración no es un caso aislado, es parte de cómo la OTAN mantiene fuerzas navales listas para desplegarse en periodos de crisis o tensión. El modelo se basa en agrupaciones multinacionales disponibles de forma continua para ejercicios, misiones y presencia naval.
Además, estos barcos están en plena extensión de vida. El Gobierno autorizó una modernización de media vida para los seis cazaminas de la clase Segura por 135,3 millones de euros entre 2024 y 2027, con el argumento de que parte de sus sistemas son tecnología de los años 80 y 90 y ya está superada.
La referencia oficial se ha publicado en La Moncloa.









