En un vídeo de demostración, un dron pequeño acelera fuerte, frena en seco y cambia de dirección sin hacer el gesto típico de inclinarse. ¿Cómo lo consigue? Aerix Systems, una empresa francesa, dice que su clave es la propulsión omnidireccional, un sistema que permite empujar en varias direcciones sin depender tanto de la orientación del aparato.
El modelo se llama AXS-µ1 y la compañía lo presenta como una plataforma pensada para integrar sensores o módulos según la misión. Sobre el papel, mezcla velocidad alta, resistencia al viento y maniobras muy cerradas, un cóctel que llama la atención tanto en usos civiles como en el sector de la seguridad.
Qué es la propulsión omnidireccional
La mayoría de drones se mueven “a base de inclinarse”, como si fueran una bandeja que se ladea para empezar a deslizarse. Aquí la idea cambia, porque la propia propulsión se orienta para empujar en la dirección que interesa, mientras el cuerpo puede mantenerse más estable. En la práctica, eso permite desplazamientos laterales o cambios bruscos de rumbo sin “recolocar” todo el dron (según la descripción de la tecnología AERIX T-6).
Aerix Systems también ha protegido parte de este enfoque con patentes vinculadas a un “vehículo propulsado omnidireccional” y a cómo se orienta la unidad de empuje dentro de un diseño compacto. Es un detalle importante porque sugiere que no es solo un ajuste de software, sino una arquitectura mecánica y eléctrica pensada desde cero (ver el documento de patentes).
Las cifras del AXS-µ1
En su ficha pública, Aerix Systems atribuye al AXS-µ1 una velocidad máxima de 200 kilómetros por hora y unas dimensiones de 40 por 40 centímetros. La empresa también indica resistencia al viento de hasta 100 kilómetros por hora, además de una carga útil máxima de 1,5 kilos, aunque sitúa el punto de referencia de autonomía en 15 minutos con unos 750 gramos de carga.
La misma ficha menciona un radio de giro de alrededor de un metro y una frenada desde 200 kilómetros por hora hasta cero en unos dos segundos y medio. Son datos llamativos, pero conviene leerlos como especificaciones declaradas por el fabricante y no como una promesa de rendimiento idéntico en cualquier entorno. El viento real, la carga y el tipo de maniobra suelen cambiarlo todo.
Por qué importa para la seguridad
Aerix Systems no oculta que mira al mercado de defensa y seguridad, donde la movilidad y la imprevisibilidad cuentan mucho. En su página dedicada a defensa, la compañía habla de trayectorias erráticas, rotación completa y “intercepción autónoma”, además de control fino de la actitud del sistema. Dicho sin jerga, el mensaje es que un dron capaz de moverse en todas direcciones puede ser más difícil de anticipar y, por tanto, más útil para proteger zonas sensibles.
La empresa también ha publicado vídeos donde sitúa el dron en escenarios de “counter-UAS”, que es la etiqueta habitual para sistemas anti-dron. En uno de sus trailers, Aerix presenta el AXS-µ1 como una plataforma “desarrollada, ensamblada y probada en Francia”, y lo muestra como producto listo para uso e integración. Aun así, una demostración grabada no equivale a una operación real, donde entran normas, seguridad alrededor de personas y requisitos de identificación del objetivo.
Quién está detrás de Aerix Systems
La compañía se fundó en 2020 y está liderada por los ingenieros mecatrónicos Hugo Mayounove y Clément Picaud, que figuran como cofundadores en la web de la empresa. Aerix Systems se presenta como un equipo de 16 personas centrado en “drones de un nuevo género”, con la ambición de empujar la movilidad aérea hacia maniobras menos limitadas por el diseño clásico.
En la cronología corporativa, Aerix Systems sitúa una ronda de financiación de 1,6 millones de euros en febrero de 2024, junto a su paso por programas de aceleración e incubación del ecosistema francés. Entre ellos aparecen iniciativas como StartAir de GIFAS y programas ligados a Starburst y GICAT, según su propio resumen histórico.
Ya en marzo de 2026, la firma de abogados Jeantet comunicó una ronda de 5 millones de euros vinculada al salto hacia una “pre-serie industrial”, es decir, el tramo entre prototipo y fabricación más constante. Ese movimiento suele ser el momento de la verdad, cuando hay que producir sin que el rendimiento se degrade y sin que el coste se dispare.
Lo que falta por comprobar
La autonomía declarada, 15 minutos con carga, marca límites claros para misiones largas, y obliga a pensar en despliegues rápidos y muy planificados. También deja una pregunta práctica en el aire, la que se haría cualquiera que haya visto una batería morir en el peor momento. ¿Qué pasa cuando el entorno es sucio, con ráfagas irregulares, interferencias o cambios de temperatura?
Otra incógnita es la adopción fuera del laboratorio y el vídeo, sobre todo en entornos urbanos donde el riesgo y la regulación pesan más que la velocidad. Programas como DIANA, el acelerador de innovación en defensa de la OTAN, intentan precisamente conectar tecnologías de doble uso con pruebas y validaciones más exigentes, algo que la propia OTAN explica al presentar su programa 2026. Al final del día, la pregunta no es solo si vuela rápido, sino si puede operar de forma fiable y controlable cuando importa de verdad.
La información oficial se ha publicado en Aerix Systems.









