Un cable en el fondo del mar no suena a algo que te quite el sueño. Pero ahí abajo viaja casi todo lo que haces con el móvil, desde un mensaje hasta una compra o un vídeo. Por eso, lo que está ocurriendo frente a la costa de Sines, en el Alentejo portugués, ha dejado de ser un tema “de expertos”.
Según informes de inteligencia y registros de tráfico marítimo, buques con bandera rusa llevan desde 2023 navegando despacio por corredores donde pasan cables submarinos de datos. Portugal ha aumentado la vigilancia y coordina información con aliados para evitar sorpresas. ¿Cómo se protege una infraestructura que no se ve?
Qué se ha detectado
Las fuentes describen un patrón repetido, barcos oceanográficos y algunos pesqueros que pasan horas en zonas concretas, a baja velocidad y con rutas muy medidas. También se habla de transpondedores intermitentes, el AIS, el sistema que normalmente permite ver en mapa dónde está un barco.
Un funcionario europeo lo resumió así, «Observamos cartografía sistemática, no turismo de alta mar». Varios analistas recuerdan un matiz importante, mapear no es lo mismo que sabotear y un trabajo científico puede parecerse por fuera, pero un mapa detallado puede ser útil si algún día se quisiera intervenir.
La fibra que mueve casi todo
Los cables submarinos son, en la práctica, una autopista de datos hecha de fibra, un material que lleva información como pulsos de luz. La Unión Internacional de Telecomunicaciones estima que por estos cables circula aproximadamente el 99 por ciento del tráfico de Internet mundial, muy por encima de cualquier alternativa como los satélites.
En Sines aterriza el cable EllaLink, una conexión directa entre Europa y Brasil que une Portugal con Fortaleza y busca una ruta transatlántica más corta. Un ingeniero de redes lo explica con una imagen clara, «Los cables son nuestra arteria invisible», y añade que la redundancia ayuda, pero un daño físico no se arregla «con un simple clic».
Señales que preocupan
En el mar, la vigilancia suele empezar por lo básico, mirar cómo se mueve un barco y si su ruta tiene sentido. Las trayectorias en zigzag, las paradas largas y los periodos nocturnos sin señal AIS pueden ser señales de que alguien está midiendo el fondo y no solo transitando.
Los expertos también mencionan herramientas más específicas, como ROV, vehículos submarinos teledirigidos que bajan con cámaras y sensores, o micrófonos submarinos que escuchan ruidos a distancia. «No hace falta tocar el cable para conocerlo», dice un analista naval, «basta con medir corrientes, profundidades y ensayar aproximaciones».
La respuesta portuguesa
Portugal ha ido dejando rastro público de esa vigilancia, aunque no detalle cada operación ni señale culpables. En mayo de 2024, la Marinha Portuguesa explicó que siguió durante unas 100 horas el tránsito de un buque científico ruso con apoyo de sus barcos de patrulla y del Centro de Operaciones Marítimas, y recordó que este tipo de buques puede recoger datos del lecho marino y, en algunos casos, identificar y mapear zonas de paso de cables submarinos.
También se ha usado vigilancia aérea. La Força Aérea Portuguesa comunicó en enero de 2025 que una aeronave monitorizó el cruce de un buque ruso por la Zona Económica Exclusiva portuguesa. En Lisboa, una fuente naval lo expresó así, «No nos quedamos de brazos cruzados viendo pasar los barcos».
UE y OTAN en modo infraestructura crítica
La preocupación no es solo portuguesa. La Comisión Europea publicó en febrero de 2024 una recomendación para mejorar la seguridad y la resiliencia de los cables submarinos, con más coordinación entre países, mejor gobernanza y financiación para medidas de protección.
La OTAN también ha dado pasos visibles. En febrero de 2024 los ministros de Defensa decidieron poner en marcha una red centrada en infraestructuras submarinas críticas y la primera reunión se celebró en mayo, presidida por David van Weel, secretario general adjunto de la Alianza para innovación, híbridos y ciberseguridad. En paralelo, la ITU creó en 2024 un órgano asesor sobre resiliencia de cables para juntar gobiernos y operadores en medidas prácticas.
Qué significa para empresas y ciudadanos
La amenaza no es abstracta, porque casi todo depende de conexiones que cruzan el lecho marino. Bancos, hospitales, tiendas, escuelas y servicios públicos pueden notar desde pequeños retrasos hasta cortes serios si una ruta clave queda dañada, sobre todo en momentos de alta demanda.
Por eso la respuesta que se discute mezcla tecnología y reglas prácticas, con rutas más diversas, sensores de integridad en tiempo real, simulacros conjuntos, auditorías independientes y acuerdos para compartir datos entre el Estado y los operadores, para que sea más difícil tocar un cable sin ser visto. «No es paranoia, es prudencia», resume un consultor de ciberseguridad, y un pescador de Sines añade una pista cotidiana, «hay barcos que pasan despacio y luego dan vueltas, no parecen estar pescando, sino midiendo».
La nota oficial principal se ha publicado en la Marinha Portuguesa.









