¿Qué pasa si un robot pierde una pata, o media estructura, en mitad del terreno? Normalmente, se para. El nuevo sistema de la Universidad Northwestern va por otro camino y sigue avanzando porque no depende de un cuerpo único, sino de varios módulos que pueden seguir funcionando por separado.
El resultado aparece en un estudio publicado el 6 de marzo de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences y en la información oficial de Northwestern University. El trabajo lo lidera Sam Kriegman junto a Chen Yu, David Matthews y Jingxian Wang, investigadores del Center for Robotics and Biosystems de Northwestern. También firman Jing Gu, Michael Rubenstein y Douglas Blackiston, este último desde Tufts University y el Wyss Institute de Harvard.
Un robot hecho de robots
Los investigadores llaman a estas máquinas «metamáquinas con patas». Dicho de forma simple, son robots montados con piezas tipo Lego que se acoplan entre sí, y cada pieza ya es un robot completo con su propio motor, batería y ordenador.
Cada módulo mide alrededor de medio metro y tiene dos barras unidas por una esfera central. Esa pieza solo gira sobre un eje, pero por sí sola puede rodar, girar y saltar, y al juntarse con otras forma cuerpos muy distintos.
IA en vez de copiar a un perro o a un humano
Para diseñarlas, el equipo de Kriegman no copió animales conocidos ni el esquema clásico del robot humanoide. Usó un algoritmo evolutivo, un programa que prueba muchas formas, conserva las que mejor se mueven y mezcla sus rasgos para generar otras nuevas.
Por eso aparecen máquinas que se deslizan como una foca, avanzan a saltos como un canguro o recuerdan al movimiento de un lagarto. Kriegman resumió la idea al hablar de «la supervivencia del más apto» acelerada por ordenadores, una forma bastante gráfica de explicar que la IA fue descartando diseños torpes y afinando los eficaces.
Lo que cambia fuera del laboratorio
Lo más llamativo no es solo la forma poco habitual que tienen. Según las pruebas descritas en la página oficial del proyecto, estas metamáquinas recorrieron grava, hierba, arena, barro, raíces y ladrillos irregulares, y también fueron capaces de volver a ponerse de pie cuando las giraban o de seguir en marcha tras perder una parte del cuerpo.
Eso no significa que el robot se cure solo como en una película de ciencia ficción. En la práctica, lo que muestra el trabajo es algo más concreto y quizá más útil. Si una pieza se desprende, el resto puede adaptarse y el módulo separado aún puede moverse por su cuenta y volver a unirse al conjunto.
El avance parte de una investigación de 2023 del mismo laboratorio, en la que la IA ya había diseñado un robot capaz de caminar desde cero. La diferencia es que aquellos prototipos apenas cruzaban una mesa y no coordinaban bien su propio cuerpo, mientras que los nuevos están pensados para terreno irregular y daños reales. Es un salto claro respecto a aquella etapa.
El estudio principal se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.














