Seguro que has visto la escena en una cafetería o en el metro. Alguien desliza el dedo por Instagram o TikTok, mira historias, lee y sigue bajando. No escribe nada y tampoco deja un «me gusta».
Durante años, a ese perfil se le ha llamado pasivo, casi como si estuviera ahí por inercia. Pero la psicología y la investigación sobre plataformas están afinando el término. Mirar sin participar puede ser una decisión para estar al día y, al mismo tiempo, evitar el desgaste de exponerse.
Qué es un «lurker» y por qué aparece en los estudios
En internet se usa «lurker» para describir a quien observa sin dejar huella pública. No es alguien desconectado, sino alguien que consume contenido sin comentar o reaccionar de forma visible. Puede parecer ausente, pero en realidad está siguiendo la conversación.
Un estudio de 2025 en Scientific Reports analizó más de 17 millones de publicaciones en X sobre un debate polarizado y puso el foco en lo que no se ve. Los autores recordaron que, según estimaciones citadas en la literatura, en muchos temas la mayoría mira sin interactuar. En algunos casos, entre tres cuartas partes y nueve de cada diez usuarios.
El coste de participar, explicado con fatiga y ansiedad
Participar no es solo pulsar un botón. También implica decidir qué decir, responder a otros y gestionar malentendidos, y eso deja rastro. Para mucha gente, ese coste social pesa más que el beneficio de comentar.
Un trabajo de 2024 en Frontiers in Psychology encuestó a más de 800 usuarios de WeChat en China y conectó el «lurk» con dos sensaciones muy comunes. Fatiga de redes, que es sentirse mentalmente agotado, y ansiedad, que es esa tensión de fondo que te mantiene en guardia. El equipo, liderado por Xiaoyu Liu y con investigadores vinculados a Shanxi College of Applied Science and Technology y City University of Macau, describe que la sobrecarga de información y la presión social pueden empujar a mirar en silencio.
Mirar y comentar responden a motivaciones distintas
No todo el mundo entra en redes con la misma intención. Un estudio en Computers in Human Behavior, dirigido por Laeeq Khan y basado en una encuesta a más de 1.100 usuarios de YouTube, separó consumo y participación. Encontró que leer o ver contenido se relacionaba con relajarse y buscar información, mientras que comentar o subir vídeos se asociaba más con socializar.
En la práctica, eso explica por qué alguien puede estar al día sin escribir una sola palabra. A veces abres una red como quien mira titulares antes de salir de casa. No buscas conversación, buscas contexto.
Cuando el consumo pasivo se convierte en comparación
El matiz es importante porque mirar no siempre sale gratis. Si el «scroll» se transforma en un escaparate infinito de logros y planes, es fácil compararse. Y ahí aparece el FOMO, el miedo a perderse algo.
Un estudio de 2019 en la revista Cyberpsychology, realizado con más de 700 estudiantes universitarios en Estados Unidos, encontró un camino bastante claro. Navegar de forma pasiva se asociaba con más comparación social, y esa comparación se vinculaba con más FOMO. A partir de ahí, el malestar aumentaba, con más síntomas depresivos y peor percepción de uno mismo.
La imagen general no es blanco o negro. En un meta-análisis de 2024 en Journal of Computer-Mediated Communication, Rebecca Godard y Susan Holtzman, de la University of British Columbia, revisaron 141 estudios y hablaron de efectos pequeños y dependientes del contexto. Por lo general, usar redes de forma activa se relaciona con algo más de bienestar, pero también con algo más de ansiedad en algunos casos.
Menos «likes» públicos y más interacción privada
También está cambiando el escenario. Cada vez es más común que la interacción se vaya a lugares menos visibles, como guardar, reenviar o hablar por mensaje privado. Desde fuera, eso se ve como silencio.
Un informe de Buffer publicado en marzo de 2026 analizó más de 52 millones de publicaciones en diez plataformas y describió un movimiento de métricas. En Instagram, la interacción típica bajó de 2024 a 2025 en torno a una cuarta parte, aunque el propio informe insiste en que las caídas pueden reflejar cambios de algoritmo o de medición. Dicho de otra forma, el «me gusta» público ya no cuenta todo.
Al final del día, para el usuario importa distinguir dos cosas. Mirar para informarte y cerrar la app no se parece a mirar para compararte y quedarte enganchado. El silencio puede ser una estrategia tranquila, o una señal de cansancio, y la diferencia suele notarse en cómo te deja después.
El estudio principal se ha publicado en Frontiers.














