Durante más de un siglo, una pequeña losa de piedra caliza guardada en un museo del sur de los Países Bajos fue un misterio. Nadie se ponía de acuerdo sobre qué era exactamente aquel bloque blanco con unas líneas grabadas en su superficie.
Ahora, un estudio que combina microscopios, escáneres 3D e inteligencia artificial concluye que no era un plano ni una pieza decorativa, sino el tablero de un juego de mesa romano. Y no de cualquier juego, sino de un tipo de “juego de bloqueo” que se creía exclusivo de la Edad Media, lo que adelanta varios siglos la historia conocida de este entretenimiento.
Un objeto anónimo en el Museo Romano de Heerlen
El pequeño bloque de caliza llevaba más de cien años en las reservas del Museo Romano de Heerlen, etiquetado con un nombre tan frío como “Objeto 04433”. Mide unos 21 por 14 centímetros, pesa algo más de tres kilos y fue hallado a finales del siglo XIX o principios del XX en la antigua ciudad romana de Coriovallum, bajo la actual Heerlen.
La piedra está tallada en caliza jurásica blanca procedente de la cantera de Norroy, en el noreste de Francia, y todas sus caras están trabajadas y pulidas. Eso la hace muy distinta de un simple bloque de construcción. En la cara superior, un rectángulo con cuatro diagonales y una línea recta forma un patrón que no coincidía con ningún juego romano conocido, lo que alimentó durante décadas las dudas sobre su función.
El arqueólogo Walter Crist, especialista en juegos antiguos, vio la pieza en 2020 durante una visita al museo y se quedó enganchado. “El aspecto de la piedra, junto con el desgaste, sugería con fuerza que se trataba de un juego”, explica en una nota de prensa, aunque reconoce que el patrón no se parecía a ninguno de los que conocía. Bajo el microscopio, le llamaron la atención unas marcas diminutas justo donde se deslizarían las fichas.
Cuando la IA se pone a jugar con los romanos
Para aclarar el misterio, Crist se apoyó en colegas de Heerlen y de la Universidad de Maastricht. Un estudio detallado del desgaste mostró que algunas líneas de la piedra estaban ligeramente más profundas y pulidas que otras, del orden de una fracción de milímetro, algo que encaja con el roce repetido de piezas de vidrio o piedra sobre una superficie relativamente blanda. Escaneos 3D de alta resolución permitieron mapear esas zonas de uso intenso con mucha precisión.
El siguiente paso fue dejar que la inteligencia artificial “jugara” sobre una copia digital del tablero. El equipo utilizó la plataforma Ludii, un sistema de juego general diseñado en la Universidad de Maastricht para modelar y probar juegos de mesa con agentes de IA. Dos agentes virtuales disputaron más de mil partidas por cada combinación posible de tablero y reglas, basadas en unos 130 juegos históricos documentados en Europa, mientras el sistema registraba por dónde se moverían las fichas.
Después, los investigadores compararon el patrón de movimiento simulado con el mapa real de desgaste de la piedra. Nueve configuraciones coincidían muy bien con lo que se ve en el objeto original, y todas eran variantes de juegos de bloqueo, en los que el objetivo es impedir que el rival pueda mover sus piezas. La nueva investigación, descrita en el estudio Ludus Coriovalli, propone que la piedra sirvió como tablero para una partida asimétrica entre dos jugadores con distinto número de fichas.
Qué es un juego de bloqueo
Un juego de bloqueo es un tipo de juego de mesa sencillo en el que una persona intenta acorralar a las piezas de la otra. Normalmente, un jugador tiene más fichas y actúa como cazador, mientras el contrario maneja menos fichas que intentan escapar, algo parecido a las persecuciones de “liebre y perros” descritas en juegos tradicionales del norte de Europa.
En este caso, la IA sugiere que en la losa de Heerlen se jugaban partidas de este estilo, con las fichas desplazándose a lo largo de las líneas incisas hasta dejar atrapado al adversario. Según el nuevo trabajo, la forma en que se concentran las zonas más gastadas coincide en gran medida con las jugadas que generan esas nueve variantes de juego. Los autores recuerdan que no pueden estar totalmente seguros de haber dado con las reglas exactas, pero la coincidencia entre simulación y piedra real es difícil de ignorar.
Hasta ahora, los juegos de bloqueo solo se habían documentado en Europa a partir de la Edad Media. Colocar un ejemplo claro en época romana adelanta esa cronología varios siglos y sugiere que este tipo de pasatiempo pudo circular durante mucho tiempo sin dejar huellas claras en los textos. Al final del día, lo que muestra este tablero es que los romanos también mataban el tiempo con juegos que recuerdan, de lejos, a un tres en raya o a un “pilla pilla” sobre piedra.
Una nueva herramienta para leer objetos olvidados
El trabajo no solo resuelve un enigma local del museo, también prueba una forma distinta de hacer arqueología. “Esta es la primera vez que el juego simulado por IA se combina con métodos arqueológicos para identificar un tablero de juego”, señala Crist, que en la actualidad colabora con la Universidad de Leiden. El método mezcla desgaste microscópico, modelos 3D y miles de partidas virtuales para poner a prueba hipótesis de forma cuantitativa.
Si funciona con otras piezas, podría cambiar la forma en que se estudian los fondos de muchos museos. Miles de objetos con grabados o patrones poco claros llevan décadas guardados en cajas, sin una interpretación firme, y estudios como este invitan a volver a mirarlos con IA, desde nuevos conjuntos de datos de simulación hasta notas de prensa como la de la Universidad de Leiden. No se trata de sustituir la mirada humana, sino de añadir una herramienta más para detectar patrones que a simple vista se escapan.
En la práctica, eso significa que una piedra polvorienta en una estantería de almacén puede convertirse de pronto en una pequeña ventana al ocio de hace mil seiscientos años. Puede que nunca sepamos exactamente cómo se llamaba el juego ni qué apostaban sus jugadores, pero sí entendemos mejor qué lugar ocupaban estos ratos de diversión en la vida diaria del Imperio.
El estudio principal se ha publicado en la revista Antiquity.
Foto: phys.org












